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Rumbo hacia el corazón

posted by @mbellido 30 abril 2020

Llevamos ya muchas semanas experimentando la falta de proximidad ‘física’ entre las personas para reducir el riesgo de transmisión del Covid-19. Sin embargo estoy convencido  que distanciamiento físico no significa distanciamiento afectivo. En esta etapa, se han multiplicado las iniciativas para mantener viva la relación entre colectivos sociales: clases de estudiantes, equipo de colegas, grupos de espiritualidad, grupos musicales, grupos de amigos y familiares…,  etc. Hemos constatado la capacidad de las personas de reaccionar positivamente ante un distanciamiento obligado para no perder relaciones afectivas porque hemos vuelto a descubrir que el corazón de nuestros seres queridos  y amigos son un hospital donde poder curar nuestras nostalgias, nuestros miedos, nuestras incertezas y preocupaciones.

La vulnerabilidad global que ha puesto en evidencia la pandemia del coronavirus nos ha empujado a ocuparnos en primer lugar de nuestra salud física, pero no es lo único que  necesita nuestra existencia. También la sociedad civil necesita de un corazón/hospital que suministre un sistema inmunológico frente a los virus malignos del odio, del populismo, del autoritarismo, de los nacionalismos en alza, de los tentáculos del absolutismo, de las dictaduras camufladas de democracia, con  un servicio de convalecencia para superar los traumas que el derrumbe de la economía ha producido.

Estoy convencido de que tras este tiempo de calamidades ha llegado la hora de reflexionar sobre la manera de continuar el camino. No se trata de intentar el retorno a un mundo que ya no existe, o de descansar en reformas estructurales exteriores, sino de plantear un cambio hacia el corazón, de ensanchar radicalmente las fronteras de nuestra visión de la humanidad, que recupere  la fraternidad y el ansia de unidad universal, que tenga en cuenta un desarrollo sostenible, no solo para acabar con el hambre, la pobreza, la contaminación y la destrucción de los ecosistemas, sino para dar un alma a esta globalización que necesita más que nunca sabiduría para conducirla. Busquemos decididamente este nuevo paradigma,  un enfoque nuevo de la vida,  menos reaccionar y más reflexionar, para actuar de forma consciente, deliberada y responsable, menos improvisación y más sabiduría que traiga paz y prosperidad y aleje miedos.

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