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Desde la fábrica de los recuerdos

posted by @mbellido 30 marzo 2005

A menudo la memoria nos engaña: nos hace olvidar el pasado o confundirlo, incluso muchas veces lo ‘inventa’. Los denominados falsos recuerdos cambian la realidad por la fantasía. A veces recordamos haber participado en acontecimientos nunca acaecidos o creemos haber escuchado una noticia por lo bajini, cuando en realidad la hemos leído en el periódico. Es un fenómeno muy difundido. Lo peor es que, se da sobre todo entre los políticos. Sus memorias se vuelven extremadamente perezosas cuando atraviesan ese exótico estado donde se confunden los intereses de los ciudadanos con otros intereses. Conviene hacer aquí un alto para poner un ejemplo. La creación de una ‘caja única’ en Andalucía fue un tema que estuvo mareando a la opinión pública durante muchos meses. De un día para otro, sobre la ‘caja única’, la amnesia es total. Se nos dice simplemente que dicha fusión ya no está a debate en ninguna de las cajas de ahorro. Lo que antes era primordial ahora no lo es. En las hemerotecas quedan los discursos enfervorizados que revelaban la utilidad de la operación. Se nos decía que las cajas de ahorro de Andalucía fusionadas en una sola entidad incrementarían sus beneficios antes de impuestos en un 42,8 por ciento, al pasar de 70.000 millones que sumaban de forma individual a 100.000 y, por tanto, dicha fusión era esencial para Andalucía. Desde el principio, la Administración Andaluza, había barajado un argumento para avalar dicha concentración: contar con un eficaz instrumento que asegurase la continuidad de la fase de expansión económica en la que se hallaba nuestra Autonomía. El panorama, hoy, ha dado un vuelco. Olvidado el tema de la fusión, ahora todos los esfuerzos están volcados en la compra por parte de las cajas andaluzas del Banco Europeo de Finanzas y también hoy se habla de la importancia de esta operación ya que “el BEF será un instrumento financiero para aunar esfuerzos, con el objetivo común de apoyar el desarrollo de Andalucía”. Estas palabras del consejero Griñan recuerdan otras muchas dichas en su día sobre la fusión de las cajas.

Ni las primeras pegas puestas por el gobernador del Banco de España ni las del ministro Solbes han servido para despertar en la fábrica de la memoria el recuerdo que otros experimentos de bancos industriales en España o en Europa han sido un fracaso. Y es que cuando una crisis industrial se asoma a la ventana de una región y hay un banco industrial de por medio, se produce una doble crisis: la industrial y la financiera.

Hasta la fecha no hay propuestas concretas. Muchas preguntas sin respuestas: ¿Se trata de una reconversión del papel social de las cajas? ¿Es un proyecto destinado a ejecutar decisiones políticas? ¿Quién garantizará la profesionalidad en las actuaciones? ¿Se permitirá la participación de los empresarios? ¿Se garantizará que el funcionamiento de la entidad corresponda con los intereses de la iniciativa privada?

Con las dudas que genera la politización permanente de actuaciones de estas entidades, cabe pensar que con esta operación se podrían matar dos pájaros de un tiro: se evita la fusión de las cajas y así se esquiva hurgar en las intocables cuentas de resultados de cada una de ellas y por otra parte se crea un ente capaz de maniobrar con libertad suficiente en todas aquellas situaciones espinosas como las que ha producido Astilleros. Es imprescindible refrescar y recuperar la memoria y por supuesto, aclarar dudas. El problema es de enfoque no de logística. Está claro que si la operación llega a buen término, la sede tendría que estar en Málaga.

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