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Todo cambia

posted by @mbellido 31 marzo 2020

El coronavirus ha venido acompañado de la conciencia de nuestra gran fragilidad y de la certeza de que solos no podemos salvarnos ni seguir avanzando. Necesitamos a los demás y esto, antes o después, teníamos que entenderlo.

Todo esto nos está ayudando también a apreciar lo que tenemos y a reorientar nuestras prioridades en el tiempo de vida que cada uno tenga asignado. Este temporal nos está obligando a ingeniárnosla para superar la  limitación del confinamiento e inventar  otras formas de socialización ante la falta de movilidad física.

Por supuesto, también en nuestro trabajo hemos tenido que aplicar otros sistemas, y con la mejor inventiva, sacar el mejor partido a las tecnologías para no perder ni la productividad ni los ingresos, ni los empleos.

Estamos cambiando. Nos estamos cuestionando rutinas no tan esenciales. Estamos comprendiendo  que el consumo no es la única forma, o al menos la más importante, de sentirnos vivos.

Es un momento difícil, lleno de incógnitas y no tenemos certezas de que saldremos de este túnel y cuando,  pero de lo que si estoy seguro es que se nos ha brindado una oportunidad para comprender que si hemos podido cambiar de un día para otro los hábitos que constituían la estructura de nuestra vida cotidiana, y además haciéndolo juntos, pensando también en los demás, hemos encontrado finalmente la mejor manera de hacer que otro mundo sea posible.

Las grandes crisis nos permiten verificar la calidad moral de la vida política y civil en nuestras sociedades porque el dolor desnuda a las demagogias y a las manipulaciones ideológicas.

Esta pandemia con tantos muertos, con tanto dolor puede destruirnos o abrirnos un nuevo horizonte de esperanza.

Por esta razón, todos, debemos ahora y al mismo tiempo bajar el tono, hablar menos, con más prudencia y amar más, llorar a las víctimas, rezar si sabemos y  asumir compromisos claros y recíprocos de coherencia y solidaridad.

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