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Lo malo de generalizar

posted by @mbellido 9 septiembre 2013

Nuestra capacidad de adaptarnos al ambiente, individualizando lo que es útil o peligroso para nuestra vida y supervivencia, obedece a un proceso de generalización: si me como una ciruela de una cierta dimensión, color, sabor, forma y descubro que no me hace daño, entonces me inclinaré a considerar comestible cualquier otra ciruela, por cuento diversa pueda parecerme de forma o color. Si un día acariciando un gato de una cierta raza, de un cierto color, de una cierta dimensión, este me araña, probablemente algo hará que en  lo sucesivo acaricie lo menos posible a otros gatos que encuentre, aunque sean de otro color, de otra raza o de otra dimensión.   Si no poseyéramos una cierta capacidad de hacer de todas las ciruelas una sola y de todos los gatos uno solo, nuestro instinto de  supervivencia estaría en juego. Esta útil  tendencia de generalizar  el particular en ciertos casos,   es la que induce a los seres humanos a menudo también a los falsos prejuicios. Sucede, por ejemplo,  cuando se destapan casos de corrupción, de malversación, de mal gobierno en la clase política, en las administraciones públicas o en los partidos.  Mucha gente vive ciertos casos en la óptica de una generalización que no deja espacio a excepciones: “todos son iguales”.  Se hace de una experiencia particular un caso universal y se arriesga de confundir pensamiento y deducción, con prejuicios. La generalización llega a extremos como el que refería Bernard Shaw: “El norteamericano blanco relega al negro a la condición de limpiabotas y deduce de ello que sólo sirve para limpiar botas”.  Quizás tengamos que prestar menos atención a los titulares de la prensa que recogen en frases sin escrúpulos los ataques de los unos contra los otros, solo para desgastar al enemigo y esperar las sentencias que la justicia, después de probadas investigaciones, hagan sobre cada caso.

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