Editoriales de Agenda Empresa

Que nadie se cabree, es sólo el ejercicio de un deber

posted by @mbellido 30 noviembre 2007

Desde hace once años vengo trabajando para que AGENDA sea un medio de comunicación necesario y valiente, informado e informador, elegante y útil, sin olvidarme de que otro de mis deberes como director es el de contar siempre a mis lectores lo que pienso, y hacerlo de manera clara.

Aunque me toque en muchas ocasiones vivir la actualidad desde el tendido, prefiero, cada vez que puedo, bajar al ruedo, es decir, al espacio público, aquél en el que se forma la opinión, para ver, oír y pronunciarme. Como aprendí en mi etapa en Italia de quien mucho sabía de esta profesión, fundador de cabeceras, hombre recto y periodista de raza, quizás el más grande del siglo XX, Indro Montanelli, dirigir un medio nos obliga a vigilar al poder político. Nos induce a interrogar, poner en tela de juicio, discrepar y aclarar; aunque el poder tienda a menudo a aniquilar, o controlar, o sofocar, o desactivar, o anexionar a los posibles díscolos.

Pido perdón con antelación, porque más de uno pensará, leyendo estas líneas, que éste puede ser un modo de escribir impopular, inoportuno, ingenuo o está fuera de lugar. Otros me mandarán a dar un paseo y otros dejarán de invitarme a sus reuniones. Lo cierto es que llevamos ya varios meses en un sin vivir y nada nos alivia. Sí, hablo en plural porque ya son cada vez más los que se van dando cuenta de que la política de nuestro país, en los tiempos que corren, tiene mucho que ver con El hotel de los líos, de los hermanos Marx y poco con un moderno Estado en democracia.

Por eso, pienso que no están los tiempos que corren, y menos en Andalucía, para dejar pasar este honesto intento de indagar en la trastienda de la política. Al fin y al cabo lo que veo a mí alrededor son dos modos de hacer. O mejor dicho, veo dos proyectos en los partidos políticos: el de los que tienen como único objetivo mantener el poder, cueste lo que cueste, y los que por vocación viven proyectados hacia las necesidades públicas haciendo política con la “P” mayúscula, respetando la libertad de la gente, de las empresas y de las instituciones, libertad que es la linfa de toda democracia.

En ciertas esferas políticas, en estos meses, debe haber mucho nerviosismo ante el miedo a perder ese poder, de lo contrario no entenderíamos tanto atropello a la inteligencia de la gente. Basta escuchar las declaraciones de ciertos portavoces, o zamparse las ‘campañitas’ con videos caseros que nos hacen sentir vergüenza ajena y nos obligan a reflexionar con miedo sobre qué podría pasar si alguno de sus autores llegara al poder mañana. Vivimos tiempos maniqueos, de simplismo inculto, de frivolidad, de trivialidad grosera, con una imagen banalizada de la Historia de nuestro país que se parece mucho a un cómic de buenos y malos.

Me doy cuenta de que con este artículo parece que pretendo cazar a pedradas lo que sólo puede rodearse con requiebros, pero ante tanta hipocresía es mejor hablar que callar. Porque hay gente que sigue sin querer conocer ni expresarse, para no verse comprometida; que se dan cuenta pero no se pronuncia para no parecer políticamente incorrecto; que se explican a medias y buscan complicidad sobre el resto, para no asumir excesivas responsabilidades.

En honor a la verdad tengo también que decir que existen Administraciones que funcionan muy bien porque los que las dirigen administran con respeto el dinero público y hacen política con la ‘P’ mayúscula.

Nadie nos podrá tachar de ser catastrofistas ni de hacer un periodismo amarillista. Precisamente nuestras páginas son siempre escaparate respetuoso de todo lo bueno que se hace desde la Administración Pública. Supongo que todo esto resulta un poco ‘espeso’. La falta de espacio no me permite entrar en detalles, pero creo que a buen entendedor con pocas palabras bastan.

De todos modos, que nadie se cabree por lo dicho: un medio de comunicación tiene que realizar esa tarea provocadora que toda sociedad necesita, para darse de bruces con sus contradicciones y decidirse a mejorar. Y la política de este país necesita imperiosamente un cambio en profundidad.

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