Con permiso

La suma de muchas sonrisas

posted by @mbellido 3 septiembre 2012

El repaso de la historia de la humanidad y en particular de los acontecimientos y las acciones que caracterizaron a  los seres humanos en la época prehistórica, nos lleva a la conclusión de que el progreso humano ha sido lento. En el recorrido prehistórico observamos al hombre durante muchísimos miles de años avanzando muy lentamente, por ejemplo, modelando un trozo de piedra o de madera. Solamente hace unos quinientos mil años el hombre comienza a dominar el fuego. Desde los orígenes hasta nuestros días aumenta el ritmo de los descubrimientos, inventos y hazañas en un modo vertiginosamente exponencial.  La ciencia avanza ahora tan deprisa que las revistas especializadas no dan abasto para poner al día los progresos realizados en los distintos campos. Nuestro siglo está caracterizado por los cambios. Cambios en todos los ámbitos de la vida y del conocimiento.

Aunque Verne lo profetizaba, el mundo pensaba en aquella época que viajar a la luna era de ejecución inverosímil. Hoy vemos por TV el Curiosity moverse centenares de metros descubriendo nuevos terrenos en Marte y nos parece lo más normal y lógico. Estos hechos suscitan reflexiones: ¿Adónde vamos?  ¿Para qué? Y todos estos cambios son a la vez un desafío para la vida y una invitación a pensar y profundizar en la parte inmaterial del ser humano, incluyendo su alma. A mi entender, la historia de la humanidad no puede ser solo la historia de la materia que desde el Big Bang  se ha ido organizando cada día más rápidamente,  transformando nuestro ambiente, nuestros utensilios y nuestro modo de vivir. Es precisamente el espíritu del ser humano el que lo ha catapultado a conocer y conquistar todo el planeta y a mirar hacia otros horizontes en el Universo. Es precisamente el espíritu del ser humano el que lo ha llevado a realizar grandes gestas en el deporte, en la arquitectura, en las ciencias, en el arte. Lo que produce indignación es que durante tantos miles de años los hijos de esta Tierra no hayan dejado de hacer la guerra y que nada les termine de convencer a ser ciudadanos pacíficos y solidarios del mundo. A excepción de ejemplos maravillosos de generosidad, si miramos a nuestro alrededor y seguimos la actualidad  descubrimos infinidad de bípedos oportunistas y egoístas en todos los pueblos y en todos los sectores de la sociedad. Son tiempos donde nos parece vivir constantemente en la sombra de una batalla, todos están en contra de todos y los narradores e informadores hablan sin alegría, como si estuviéramos a la espera de un trágico final. A parte de los rostros sonrientes de sus presentadoras, los telediarios muestran cada día caras que reflejan aborrecimiento, tristeza y dolor. Quizás  este nuestro  mundo, en parte  congelado por el materialismo y por el consumismo, depauperado y herido por el hedonismo, por la violencia y por todos los males presentes, necesita una gran sonrisa de esperanza o quizás la suma de todas las nuestras.

 

 

 

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