Con permiso

Compañeros y amigos

posted by @mbellido 11 febrero 2015

Mi amiga Eloísa me decía ayer que lleva un mes de vértigo. Vive una etapa dura con dificultades en el  trabajo donde la falta de una compañera hace que tenga que afrontar más tareas, los hijos sin poder ir al colegio con resfriados que no se curan, otras  dificultades familiares, la rutina de casa…. Numerosas cosas que le absorben mucha energía. A veces lo comenta con otras compañeras del trabajo que están en la misma situación y que, a su vez, le confían sus problemas: cansancio, enfermedades familiares, infidelidades matrimoniales, problemas con los hijos… Ante este intercambio de confidencias en el ambiente de trabajo, ella se pregunta si este modo de hacer se puede convertir a largo plazo en algo perjudicial. Le he dicho que a mi manera de ver, todo depende del grado de relación que tenga con sus compañeras y en general del ambiente de trabajo en sí. Si es un ambiente altamente competitivo, quizás es perjudicial poner en común tantas intimidades. Se sabe también que si el ambiente es demasiado tenso, las relaciones son de por sí más distantes. En un caso o en otro, es muy difícil mantener en el trabajo una actitud profesional y al mismo tiempo serena cuando la vida personal es problemática. Los problemas, sin querer o queriendo, los llevamos siempre a cuestas y es difícil despegarse de ellos y poner siempre buena cara.

Creo que, en líneas generales,  lo mejor es  hacer lo posible por no perder la concentración y dejar fuera de la oficina los problemas personales. Usar la misma técnica que aconsejan cuando llega un ataque de pánico: poner la atención en lo que nos circunda y vivir el momento presente con intensidad. Sabiendo que en ese instante no se puede  solucionar o hacer algo para resolver el problema  que llevamos en la “mochila”, porque en ese momento lo que hay que hacer es trabajar.

Le decía a Eloísa que, siendo inevitables por diversas circunstancias ciertos  momentos de intercambio de confidencias en el trabajo, lo mejor es explicitar siempre el hecho de que se trata solo de un “desahogo” y nada más.

Sé también por experiencia   que estos “desahogos” en ciertas circunstancias  producen efectos positivos, aunque no medie una gran amistad. He constatado alguna vez que ante una situación personal difícil,  algún compañero se volcaba para descargar de trabajo a otro que anímicamente estaba mal. También he visto como un jefe reducía el horario de trabajo a una compañera que estaba atravesando una situación familiar problemática, para que pudiera ocuparse más de esa situación.

Creo que en el caso de que uno busque ser escuchado profundamente lo mejor es dirigirse a amigos de verdad, fuera del trabajo,  o a profesionales.  Y si la confidencia fuera un modo velado para pedir un favor, entonces es mejor pedirlo explícitamente. En ocasiones ni siquiera es necesario explicar los motivos.

Aunque en los  “buenos ambientes de trabajo” puedan nacer amistades,  no es lo que se debe perseguir.  Desde hace años las buenas empresas se esfuerzan  en procurar que se cree un buen ambiente de trabajo. Si se consigue, el resultado es siempre de mayor satisfacción para los trabajadores  y mayor desarrollo para la empresa; sin embargo,  compañerismo y trabajo en equipo nunca hay que confundirlos con la amistad. Amigos son aquellos extraños seres que nos preguntan cómo estamos y esperan para oír la contestación.

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