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No pestañees: digitalización y sostenibilidad nos sacarán de la crisis

posted by @mbellido 2 octubre 2020

Un microscópico virus sigue poniendo ‘patas arriba’ nuestras vidas. Ha llegado octubre y la situación no mejora. Nuestros gobernantes y sus “expertos” nos anunciaron y prometieron una “nueva normalidad” y, sin embargo, vivimos una realidad anómala a la que no terminamos de acostumbrarnos. Nos dijeron que íbamos a salir más fuertes y, sin embargo, estamos en medio de una terrible crisis económica. Se nos profetizó que de la pandemia íbamos a salir “mejores” y, sin embargo, la fraternidad en muchos casos brilla por su ausencia, el egoísmo sigue siendo tónica dominante en esa parte de la sociedad consumista y dominada por la cultura del poseer y el desechar. Las instituciones multilaterales siguen sin dar respuestas globales a los problemas globales que nos atenazan. De consecuencia, también la cooperación internacional al desarrollo se ha visto menguada por las tentaciones de proteccionismo y aislacionismo de algunos países y, en algunos casos, también por un populismo que confunde y distorsiona la vida social con propaganda, sin hacer en realidad nada concreto por el bien común. A decirlo de otra manera, las crecientes desigualdades provocadas por la pandemia y la crisis económica ponen en riesgo no solo el orden mundial establecido tras la II Guerra Mundial, sino también los valores de democracia, prosperidad y paz que forman parte de la esencia de Occidente.

 En el día a día, nuestros hijos acuden al colegio con mascarilla y manteniendo las distancias y siguiendo las flechas pegadas en las aceras para entrar en las aulas, mientras que muchos colegas siguen trabajando desde casa. Nos hemos acostumbrado a reservar hora en el gimnasio y hacemos cola en la calle esperando el turno para entrar en el banco, en la farmacia o en las tiendas, el medico no nos recibe en la consulta y nos atiende telefónicamente, la alegría que se respiraba en nuestras calles por el bullicio de turistas y vecinos se ha transformado en miedo al contagio.

 Todos estos cambios entristecen y agotan, como nos agota llevar la mascarilla muchas horas al día. En el arco de pocos meses hemos experimentado muchas transformaciones, numerosos cambios y a veces contradictorios. Se sabe que los cambios son aceptados más fácilmente cuando los generamos nosotros, no nos gusta cambiar porque alguien o algo nos obligue y vivimos en la incertidumbre de no saber ni cuándo ni cómo acabará la pandemia, ni qué medidas habrá que tomar para contenerla, hasta que esté disponible la famosa vacuna.

 Desde la crisis de 2008, en Andalucía, fuimos recomponiendo la economía gracias al turismo y a la internacionalización y en ambos casos llegamos a batir récord.

 Hoy el turismo está herido de muerte y las exportaciones se tambalean por las restricciones y los aranceles. Por poner un ejemplo, los aranceles de Estados Unidos amenazan 500 millones de euros de exportaciones andaluzas.

 Está claro que la única herramienta que tendrá la empresa para afrontar el futuro será la capacidad de adaptación. Una herramienta que como la “navaja suiza” tendrá diversas funciones: seguramente la digitalización y la sostenibilidad, pero, yo añadiría, poniendo a las personas en el centro.

La digitalización es, y así lo impulsamos desde los ODS, un factor clave a la hora de facilitar las rápidas transformaciones hacia una economía verde, capaz de una mayor eficiencia energética y una protección más eficiente de los ecosistemas locales y globales.

 El tejido productivo va a cambiar radicalmente, y no en 20 o 30 años, sino en la próxima década, que entre otras cosas será la era de la colonización espacial. Evitemos la complacencia o el victimismo en Andalucía, soñemos una nueva Silicon Valley en nuestra tierra. Todo depende de nuestra convicción personal y de nuestro propósito transformador, como el que tienen las empresarias de FAME, liderada por Ana Alonso, a la que dedicamos un extenso reportaje de reconocimiento.

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