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La belleza transforma la vida

posted by @mbellido 28 julio 2022

Con las palabra nos mostramos a los demás, mostramos quiénes somos. Sin embargo, la palabra no es esencialmente un medio instrumental para el logro de propósitos, sino un espacio, en el que se despliega ante otros nuestra unicidad.

Desde niño las palabras de mi padre, las palabras de los primeros libros, las palabras de mis maestros, las palabras de la calle fueron el espacio donde aprendí a imaginar y pensar, a rezar y a cantar. Con los años fueron aumentando las palabras y de consecuencia los espacios para desarrollar mi unicidad; un hábitat, en mi caso, impregnado de rasgos esenciales de la cultura occidental, cultura clásica grecorromana con fundamentos en el judaísmo y el cristianismo.

Viajé pasada la adolescencia a Italia, toqué al timbre de la puerta de aquella cultura y con delicadeza aquellas parole nuove me invitaron a pasar. Con el tiempo me enteré de que, por la misma puerta y guiados por el arte, habían entrado otros muchos seres humanos, ilustres o no, que posteriormente con su trabajo dejaron un legado riquísimo de unicidad, como no podía ser de otra manera.

Sin darme cuenta, aquellos inicios, aquellas nuevas palabras, hacían que me encontrara a mí mismo y cada noche, en el rincón oscuro de mi habitación se transformaban en alas que me hacían volar para alcanzar poco a poco esa facilidad que hoy muchos me reconocen, para concebir ideas, proyectos o creaciones innovadoras. A menudo cuento con emoción, aquel primer encuentro con el Rinascimento, que nunca podré olvidar: la primera visita que realicé a la capilla Brancacci que se encuentra al final del transepto derecho de la iglesia de Santa María del Carmine en Florencia. Aquel mañana extasiado delante de los frescos de la parte izquierda donde Masaccio, con “la expulsión del Paraíso terrenal” me sumergí en el espacio de la palabra recomenzar.

Esa experiencia fue el fundamento de mi vocación a la belleza. Se hacía siempre tarde conociendo otras unicidades a través de los libros. En algunos momentos intentaba, sin conseguirlo, bloquear las lágrimas absurdas de emoción, que me provocaban dejarme acompañar por Dante, Goethe, Dostoyevski, Flaubert, Wilde… En esos momentos supe que en mi vida yo también podía a través de las palabras crear espacios donde invitar a otros a paladear la bondad de la vida, habitando la belleza.  ¿Fue un descubrimiento del destino? Quizás fue una llamada, una vocación.

¡Que pasión percibir el hecho estético y habitar en él! Dejar que lo bello irrumpa en lo cotidiano trayendo una novedad imposible de deducir y reducir. Levantarse cada mañana dejándome seducir por la belleza que surge en infinidad de cosas sencillas, dejarla entrar y disponerme para que pueda desplegarse dentro de mí.  La belleza transforma la vida.

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