Son tiempos revueltos en los que los ciudadanos de a pie viven con la respiración contenida, sea a nivel internacional que nacional.  La única certeza que tenemos es que estamos en medio de un cambio.

 La última década en algunos aspectos era previsible.  Aún no conocemos la nueva era. Sin embargo, tenemos la sensación de que será muy diferente y por lo tanto nos vemos empujados a concluir -quizás alguno podrá pensar que demasiado fácilmente- que tendremos que archivar los clásicos de la filosofía política como reliquias, porque nadie sabe con qué se reemplaza todo lo que teníamos.

Lo que constato es que a la mayoría de los ciudadanos ya no les deslumbra ningún mensaje político y menos aún ningún líder político. Ante las promesas electorales el ciudadano ya es incrédulo porque está hastiado de mentiras y cambios de opinión a según la conveniencia. Sin embargo, el ciudadano de a pie no termina de escarmentar porque, como decía Maquiavelo en El Príncipe: «los hombres son tan simples que quien engaña siempre encontrará a quién engañar». Esto, lamentablemente, es el resultado de una sociedad débil en valores morales y basada sobre todo en la astucia, los bulos, el engaño y las trampas.

Se puede ser fatalista si se imagina el futuro como la simple proyección de los procesos del presente, pero desafortunadamente muchos indicadores muestran acciones políticas desde el poder no encaminadas precisamente a regenerar la vida política, sino a encauzar nuestro país hacia una autocracia. No dudo que haya muchos españoles que viven conscientes y temerosos por esta deriva populista que pone a prueba nuestra democracia y nuestra libertad, pero todavía hay un gran número de españoles que prefieren no afrontar la complicada tarea de escuchar a la conciencia y desarrollar un pensamiento crítico, prefiriendo dejarse embaucar por eslóganes y lemas vigentes esparcidos desde la maquinaria gubernamental.  

El pensamiento crítico es un recurso para no dejarse aplastar por un presente hecho de demagogia. Las mayorías parlamentarias cocidas con la compra de votos ciertamente no representan la verdad, sino el egoísmo de los partidos y sus dirigentes que con tal de seguir en el poder son capaces de vender su alma al diablo. 

Por otra parte, a la hora de votar, a mucha gente se le olvida que el pensamiento crítico se basa en pensar por uno mismo y no dejar que nadie lo haga por ti; a lo que yo añadiría: tu cabeza piensa mejor si estudia y profundiza.

Creo que la desorientación política en la que se encuentran muchos ciudadanos es letal para la democracia; quizás saben por quién votar, pero no están seguros de por qué. No están seguros tampoco de qué hay detrás de sus decisiones, ni si lo que están aportando es solo harina a la bolsa de los que ocuparán el poder. No son culpables del todo, son sencillamente huérfanos de ese mundo de valores que, al eclipsarlos, los ha dejado solos ante el mal tiempo del presente, privados además de herramientas teóricas y prácticas adecuadas.

Los que tengan oídos para oír que lo hagan. El esfuerzo en favor de la democracia no admite respiro, nada puede darse por supuesto. Nada se resuelve por arte de magia. Por tanto, si en tu mano está hacer algo por purificar el aire político que respiramos, te ruego que lo hagas. Desde luego, yo lo voy a seguir haciendo desde la libertad de expresión.  

por @mbellido

La web del periodista Manuel Bellido Bello con opiniones, artículos y entrevistas publicados desde 1996. Manuel Bellido https://en.gravatar.com/verify/add-identity/09e264a7e3/manuelbellido% 40manuelbellido.com