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Hacia el arca de Noé

posted by @mbellido 16 septiembre 2022

Muchos me han preguntado porque uno de los programas semanales de mi canal de YouTube se llama “Hacia el arca de Noé”. Intento explicarlo. Mas allá del contexto, de la veracidad o no de los hechos, siempre me gustó la forma en que se desarrolla el relato, la experiencia de este personaje bíblico llamado Noé y su enseñanza.

Pero vayamos por parte. De Noé se habla en el libro del Génesis cuya autoría se atribuye tradicionalmente a Moisés. Según textos y tradición fue el décimo y último de los longevos patriarcas antediluvianos a quien en la Biblia se cuenta que Dios le advierte sobre un gran diluvio universal para destruir a todos los seres vivientes por sus pecados.

La familia de Noé estaba formada por su esposa, sus tres hijos varones; Sem, Cam y Jafet, y sus respectivas esposas.  El relato cuenta que Noé y su familia en un determinado momento de sus vidas construyen un arca (el Arca de Noé) con las medidas especificadas por el Señor, que sirvió para albergarlo a él y a su familia, así como a todas las especies de animales, durante el Diluvio. 

De la historia del diluvio en la Biblia leemos que empezó a caer muchísima agua en toda la tierra. No era una lluvia normal. Llovió durante siete días y siete noches hasta que toda la tierra quedó anegada.

Sin embargo, dando voz a la comunidad científica, la teoría más compartida sobre el diluvio universal fue ofrecida por los geólogos marinos Walter Pitman y William Ryan. En su libro «El diluvio de Noé» sostienen que el fenómeno se habría producido hace 7.500 años en lo que hoy conocemos como Mar Negro, en aquel tiempo un lago de agua dulce de mucho menor tamaño y habitado en sus orillas. De algún modo, el Mediterráneo se habría abierto paso a través del Estrecho del Bósforo, haciendo crecer el caudal del Mar Negro a un ritmo de entre 15 y 30 centímetros por día.

Atendiendo a cualquiera de las versiones ofrecidas, el fondo de la historia de Noé podemos interpretarlo como un “manual de instrucciones” sobre cómo ponerse a cubierto de una catástrofe.

Proyectando este relato a nuestros días, encuentro similitudes por el peligro que supone las consecuencias del Cambio Climático. Hemos maltratado el medio ambiente durante décadas, la presión de los humanos sobre el planeta ha sido tal, que hemos creado nuestra propia era geológica, pasando del Holoceno al Antropoceno; la era de los humanos.

Hemos modificado la mitad de la superficie de la tierra para cultivar y criar ganado, movemos más sedimentos y rocas que los procesos naturales de la Tierra, se pesca en más de la mitad de los océanos. 9 de cada 10 personas respiran aire contaminado y en una sola generación hemos calentado el planeta más de un grado.

La amenaza del cambio climático, provocado por la acción humana,  es tan real que si fuéramos de verdad sapiens no perderíamos ni un minuto en ponernos a trabajar para evitarlo.

¿Cómo hacer? Me ayuda Noé. Construir un arca, en sentido figurado. Un modelo alternativo de estilo de vida, de economía, de consumo, de cultura, de producción que pueda sobrevivir al “diluvio” y al “naufragio” de nuestra existencia y de las generaciones futuras.

Hacia esa “arca de Noé” camino, con el único bagaje de mi fe en el ser humano, con los conocimientos que la comunidad científica me proporciona y con la certeza que la Tierra es nuestra casa, la casa de la familia humana, el hogar de la gente que amamos. Lo hago divulgando, haciendo ver la importancia de respetar la biodiversidad, deteniendo prácticas de contaminación y destrucción de hábitats naturales. 

Como yo, hay muchas personas en el mundo que no se están quedando de brazos cruzados, cada uno aportando desde sus posibilidades, poniendo mucho de su parte o un sencillo granito de arena para construir este nuevo “arca” en el que embarcarnos los humanos hacia un futuro sostenible y solidario, hacia un mundo unido y mejor donde la fraternidad universal hará posible la paz.

Yo estoy en camino, ¿me acompañas?

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