Blog

Balance de un pontificado

posted by @mbellido 1 marzo 2013

Benedicto XVI se ha ido sin hacer ruido, ha sido una salida de la escena eclesial elegante y conmovedora al mismo tiempo. Todos tenemos todavía en la retina la salida del Vaticano, el helicóptero que los trasladaba a Castel Gandolfo.  Desde la ventana dirigiéndose a los muchos fieles que llenaban la plaza para darle el último saludo ha dicho: “Gracias por vuestra amistad y vuestro afecto. Vosotros sabéis que ya no soy el Pontífice, soy simplemente un peregrino que inicia la última etapa del peregrinaje sobre esta tierra” “Continuaré con todas mis fuerzas trabajando por el bien de la Iglesia y de la humanidad”. Después dio su bendición y terminó con una frase que a mí me pareció una obra de arte de anti retorica: “Gracias, buenas noches. Gracias a todos vosotros”.  Es complicado dar un juicio sobre el pontificado de Benedicto XVI, el tiempo mostrará el trabajo que hizo al frente de la Iglesia y como líder espiritual. Lo que sí ha mostrado es una gran humildad. Probablemente el mundo mediático le debe una rehabilitación, por haberlo tachado desde que era Cardenal, de hombre duro e inquisidor. El mundo católico, sin embargo, conoció desde los primeros días de su pontificado a un hombre que amaba la mansedumbre. Hombre, de una gran talla intelectual, una persona decidida pero humilde.

El significado de esta renuncia lo encontramos en sus mismas palabras: “en plena libertad, por el bien de la Iglesia”, un  gesto de lucidez y de coherencia, ejecutado, además, con una elegante sensibilidad y notable  humildad. Un día sabremos si esta renuncia algo tendrá que ver con el tercer secreto de Fátima.

El único programa de Benedicto XVI que ha regido la crónica de estos casi ocho años de pontificado  ha sido servir a la Iglesia. Ahora lo seguirá haciendo desde en el recogimiento desde la  oración.

Posts relacionados