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Dar y recibir

posted by @mbellido 19 abril 2011

Ayer, en una amena conversación con un grupo de conocidos, una psicóloga nos decía que no se puede evolucionar y crecer como ser humano sin desarrollar y madurar emocionalmente. Muy largo, dije, es el proceso de la maduración en los seres humanos, algunos no terminan de madurar nunca. Estábamos todos de acuerdo en que ese proceso de individuación y diferenciación inicia obligando al sujeto a separarse de los padres en un determinado momento, al menos emocionalmente. Porque para crecer no se puede depender. En esa libertad se inicia la búsqueda honrada de lo justo para uno mismo y la promoción de una personalidad basada en la autenticidad y la coherencia. Así se prepara el ser humano para afrontar las esferas privadas y públicas. Tarea que no puede llevarse a cabo asfixiando las potencialidades afectivas, tan importantes para el desarrollo emocional. La prueba del algodón es la capacidad de crear y mantener relaciones. La capacidad de amar es la más delicada, fácil de ahogar si nos sentimos primordialmente empujados y ocupados en la tarea de adquirir el reconocimiento, el poder, el dinero o el éxito. En este camino de formación y desarrollo se irá sucediendo una serie de experiencias vitales que nos harán saltar de una etapa a otra hasta la madurez.
Con suerte y con esfuerzo nos convertimos en adultos después de un largo camino. Llegamos a ser padres de nosotros mismos y, por tanto, capaces de decidir aceptando incluso la posibilidad de equivocarnos. Capaces de desentrañar constantemente, en las circunstancias de la vida, el pasado para entender el presente y preparar el futuro. Aprendemos de nosotros mismos relacionándonos con los otros y en esa espontaneidad de vida desentumecemos constantemente el espíritu y la razón. Llegamos a comprender que más se da más se recibe, ya que en las relaciones verdaderas siempre se toma algo a cambio de aquello que se entrega con generosidad.

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