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Obesidad mental

posted by @mbellido 17 agosto 2022

Con los años aumenta el deseo de seguir desarrollando nuestra mente en altura, descuidando un poco más el desarrollo en anchura.   Nos hacemos mayores y nos vamos concienciando que nuestra evolución personal es el resultado de perfeccionar ante todo el conocimiento de nosotros mismos, profundizando en la propia identidad; dicho en palabras pobres, aumenta la necesidad de conocernos más interiormente, más allá de nuestras manifestaciones externas. El proceso a veces pasa por descubrir un cierto infierno interior que, junto a un purgatorio y un paraíso al modo Dantesco, todos llevamos dentro. Ese paisaje interior de luces y sombras es necesario recorrerlo, para descubrir rincones no delineados y otros desconocidos. Ahí es donde nos sorprendemos cuando este camino suscita preguntas sobre nuestro papel en la vida y de consecuencia, si somos honestos, un deseo de crecer hacia arriba, en altura.    No es casualidad que la palabra latina altus, de la que deriva la palabra española “alto”, signifique alto y profundo al mismo tiempo.

Si descartamos crecer a lo ancho, solo queda perseguir lo que conduce a través del espíritu y del conocimiento. Si perseguimos el crecimiento horizontal nos frustraremos al precipitar en nuestro propio ego desbordándonos de nosotros mismos y facilitando el choque con otros egos y con todo lo que se atraviesa en nuestro camino. La diferencia está en la dirección que tomará nuestra mente en su viaje interior, no a través de un avatar sino en primera persona donde podríamos recitar como Dante:

“En mitad del camino de la vida

me hallé en el medio de una selva oscura

después de dar mi senda por perdida”.

En definitiva, se trata de evitar la obesidad mental producida por esa cultura actual que hace que personas, con o sin preparación intelectual coman con avidez lo que les ponen por delante los medios, las redes sociales y la política rastrera e ignorante de nuestros días. Una cultura que nos vende que para entender las cosas hay que poseerlas y, mejor aún engullirlas sin digerir, asimilarlas si analizar.

¡Evitemos la obesidad mental!

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