La verdad no se adquiere de una vez por todas, sino que es fruto de una búsqueda continua; de hecho, es la búsqueda misma. Sin embargo, esto no impide que algunos aspectos de la vida sean más verdaderos que otros, ni que cada cosa posea un valor diferente. Algunas verdades, aunque cambian de muchas maneras, esencialmente resisten el paso del tiempo. Ciertamente, no son verdades imperativas ni absolutas. Más bien, se presentan como caminos ineludibles de búsqueda y descubrimiento: conocer quiénes somos como personas, cuál es el propósito último de nuestra existencia, cómo debemos proceder para alcanzar el destino de nuestro viaje. Estas son las verdades intergeneracionales que debemos debatir. Tácito decía: «La verdad se robustece con la investigación y la dilación; la falsedad, con el apresuramiento y la incertidumbre».
