Hoy 23 de abril, es el Día Mundial del Libro y del Derecho de Autor, establecido por la UNESCO en 1996 para promover la lectura, la publicación de libros y la protección de la propiedad intelectual, por eso, me gustaría compartir con vosotros una reflexión.
El otro día, un joven me preguntaba: “¿Para qué leer un libro, cuando todo se resume en un vídeo de treinta segundos o en un título que aparece rápidamente en la pantalla?”
Es la pregunta que desgraciadamente muchos se hacen: ¿Para qué abrir un libro cuando podemos «saberlo todo» con un clic?
No se me ocurre otra respuesta, aunque pueda parecer anacrónica que esta: porque leer nos hace libres.
Un libro no solo proporciona información; nos entrena para pensar. Nos ayuda a discernir, a elegir, a dudar. Leer expande los límites de la imaginación, desarrolla la empatía, nos conecta con mundos lejanos, con épocas remotas, con el futuro, con voces distintas a la nuestra. Un libro nos permite bajar el ritmo, concentrarnos, reflexionar. Un libro nos permite soñar.
En un mundo acelerado, acanallado y ruidoso detenerse a leer es un acto revolucionario. Leer no es una obligación: es un derecho. Es un espacio de libertad, resistencia y descubrimiento.
Escoge hoy un libro, incluso uno corto, divertido o inusual, y dedícale un rato a su lectura, lee una pocas páginas y veras que abres la puerta a la libertad y a un sinfín de posibilidades, incluyendo la capacidad de comprender un poco más el mundo y también a ti mismo.
