María Fátima Báñez García es una política, jurista y economista española nacida en San Juan del Puerto, un precioso pueblo de la provincia de Huelva, en enero de 1967. Fue ministra de Empleo y Seguridad Social desde 2011 a 2018, la primera mujer que accedía a ese encargo y al mismo tiempo la persona que más tiempo ha permanecido como titular de esa cartera. Fue diputada por el PP en las legislaturas VII, VIII, IX, X, XI y XII.
No es la primera vez que converso con Fátima Báñez y también en este momento, como en otras ocasiones, reconozco que es una mujer muy preparada, por disposición intelectual y conocimientos. Sus estudios le imprimen un carácter; es Licenciada en Derecho y en Ciencias Económicas y Empresariales por la Universidad Pontificia Comillas. Nuestra conversación se desarrolla en su despacho en Madrid, en la octava planta del edificio donde está ubicada la Confederación Española de Organizaciones Empresariales, desde donde preside la Fundación CEOE, que ella define como «un activo de valor al servicio de las empresas y la sociedad civil».
Converso con Fátima Báñez durante más de dos horas y la entrevista se desarrolla más o menos en el siguiente orden.
— ¿Cómo han sido para ti estos primeros 25 años del siglo XXI?
— Con tu pregunta me haces recordar elementos de mi vida de antes de llegar yo a la política; y luego todo lo que he vivido, sea en primera línea como en la oposición, tanto en Andalucía como en Madrid, porque, aunque he tenido también la suerte de ser ministra de España, he trabajado también mucho en Andalucía anteriormente. Yo siempre digo que es muy importante, como en el fútbol, saltar al campo después de haber hecho mucho entrenamiento, haber corrido en la banda, estar en el banquillo y luego, cuando saltas al campo, estas más preparado. Eso te da una visión diferente, con más información; la aproximación a los temas es más humana, más cercana; yo recorrí con Teófila Martínez toda Andalucía, comarca a comarca, además en momentos en los que estaba embarazada, porque yo he tenido a mis dos hijos en estos momentos de mi carrera política.
— ¿Cuál es la imagen que tienes hoy de Andalucía, después de haber vivido aquellos años?
— La imagen que tengo de Andalucía hoy es de una Comunidad muy dinámica, muy emprendedora, muy creativa, muy alegre -que el optimismo también cotiza en bolsa- y protagonista de la España del siglo XXI. Una Andalucía aventajada en muchos aspectos, no solo en el económico, también en el aspecto social, en el emprendimiento, en el cultural, en la internacionalización, en la imagen en el mundo. Vivimos momentos de mucha incertidumbre, de mucha polarización y Andalucía emerge como una Comunidad Autónoma, la más poblada, siendo un estabilizador político y social de España. La estabilidad llega por el sur. Ya cuando nos tocó, desde el Gobierno, gestionar la crisis económica a partir de 2011, Alemania y Angela Merkel confiaron en Rajoy porque veían que España era el estabilizador por el sur, no solo en lo económico, sino también en lo social; y yo creo que Andalucía a España le aporta eso: mucha estabilidad, mucha moderación, una manera de trabajar en equipo por un futuro común. Esa visión integradora que tiene Andalucía es muy importante, además siendo cruce de muchas culturas: Tartessos, romanos, fenicios, árabes… todos han ido dejando un pozo en nuestra lengua, en nuestras costumbres, en nuestra forma de ser; y creo que por eso afrontamos con mayor naturalidad los desafíos del siglo XXI, que entre ellos está la demografía, la polarización, esa nueva economía.
— ¿Qué es Andalucía para España?
— Creo que es la gran oportunidad, porque es la primera vez que dos revoluciones cruzadas y una tercera social, las lleva de calle: con la digitalización tenemos una amplia red de telecomunicaciones en toda Andalucía, también en la Andalucía interior; con la revolución verde, esa economía baja en carbono, donde ya más del 60 % de la producción de energía en Andalucía es renovable; y también con la demográfica. Estuve mirando el otro día algunos datos, para un acto en el que intervenía, y veía que Andalucía es de las poblaciones más jóvenes de España, Andalucía es una de las comunidades con mayor población joven. Eso también es futuro. Antes la gente se iba de Andalucía, ahora la gente vuelve a Andalucía. Andalucía está de moda en positivo, a todo el mundo le apetece ir a Andalucía a realizar su proyecto de vida.
— ¿Cómo describirías en general este primer cuarto del siglo? Hablamos de 2001 a 2025.
— Vivimos entre la incertidumbre permanente y el cambio vertiginoso. Acertaremos si somos capaces de dar respuestas poniendo a la persona en el centro. En el ámbito económico, en el ámbito social, en el ámbito político, es un desafío tremendo el que tenemos, pero creo que lo mejor que hay es que estos grandes cambios la sociedad los está sabiendo afrontar. Te pongo un ejemplo casero; veo como mi madre habla con sus nietos por FaceTime para tener relación con ellos todas las semanas, ya que están repartidos por muchos sitios, porque no todos están en Huelva, están estudiando fuera, en Sevilla, en Madrid, en Londres; y veo como ella, con 84 años, utiliza el móvil y las nuevas tecnologías. Y yo digo: si esta generación fue capaz de pasar del teléfono fijo al móvil, primero con un ‘zapatofono’, y ahora con los más modernos y a utilizar las redes sociales como WhatsApp o FaceTime, esto es ya una sociedad digital; lo que tenemos que hacer ahora es humanizar la tecnología, humanizar los cambios. Yo veo todo positivo, porque al final los cambios tecnológicos son una herramienta para que seamos capaces de trabajar mejor y con mayor bienestar y vivir mejor. Hoy hay unas posibilidades increíbles de prestar servicios de cercanía, a través de la tecnología: en el mundo rural, en la sanidad, en la educación, en la educación permanente, en la educación para mayores, en el entretenimiento para mayores, con la tele asistencia, que proporciona más seguridad a un mayor en casa. Una de las enfermedades del siglo XXI en todo el mundo anglosajón es la soledad. Yo siempre cuento que en Japón y en Reino Unido ya han instituido ‘ministros de la soledad’. Una de las tristezas más grandes que vive hoy el ser humano en el norte de Europa es la soledad, y por ejemplo los Ayuntamientos tienen un departamento para poder enterrar con dignidad a personas que mueren solas. Nosotros tenemos otra cultura, la cultura mediterránea, más del humanismo cristiano, nuestras raíces más latinas nos hacen vivir en familia y convivir varias generaciones. En el mundo anglosajón a los 18 años, si el niño no se ha ido de casa, lo echan. En los momentos económicamente más difíciles que ha vivido España, los expertos internacionales veían una tasa de paro impresentable, como la que teníamos, después de crisis muy duras, pero siempre decían: «Sí, pero el impacto social es menor porque en España la familia es un salvavidas». A mí me tocó vivir esa crisis desde el Gobierno en 2011, 2012 y 2013 hasta que empezamos a sacar cabeza; y veía como muchos abuelos con su pensión contribuían al mantenimiento del entorno familiar, Decían: «Dónde comen cinco pueden comer siete». Por eso también, desde el primer momento, subimos las pensiones. Fue parte de aquel esfuerzo que hicimos para evitar el rescate.
— Un cuarto de siglo convulso y de cambios…
— De muchos cambios, tanto a nivel geopolítico como a nivel económico, de grandes transformaciones sociales y cambios demográficos: con las sociedades más envejecidas y una inmigración creciente. Precisamente el tema de la inmigración aquí lo hemos vivido muy particularmente. Recuerdo cuando nos tocaba ir a los Consejos Europeos a defender nuestro modelo, que es el de la contratación en origen desde los años 90. A mi tierra, Huelva, tú sabes que vienen 20.000 personas a trabajar los frutos rojos todos los años y se hace con normalidad, contratando desde los países de origen. Nosotros sabemos integrar para crecer juntos, otros están más perdidos en este sentido, por decirlo de alguna manera. Desafíos tenemos, incertidumbres permanentes también, y sabemos que estas transformaciones son a mucha velocidad, pero también sabemos que la sociedad está respondiendo. Mi experiencia de final de la crisis económico-financiera, fue la de constatar que la sociedad va en la vanguardia de las soluciones mirando al futuro, siempre.
— Fue muy dura aquella crisis.
— En aquella crisis no se hicieron los deberes desde el principio, y por eso también fue más aguda, se destruyeron desde 2008 a 2011 cerca de 3 millones de puestos de trabajo. Crisis financiera internacional, crisis de la burbuja inmobiliaria. Se sabe que, si va mal el sector de la construcción, el resto de los sectores que tienen que ver con la construcción también. En aquellos momentos nadie vendía una lavadora, un colchón y los que tenían que vender casas, no vendían nada, estaban ‘muertos matados’, como se suele decir en nuestra tierra. Mucha gente se reinventaba. Nosotros hicimos la reforma laboral y al final del año 2012 me invitaron a Murcia, que es una Comunidad donde el mundo cooperativo tiene mucha fuerza; me fui a ver a una empresa de colchones de fabricación española, de 250 trabajadores, que iba a cerrar; los trabajadores le hicieron una oferta al dueño y le propusieron que convirtiera la empresa en una cooperativa. El resultado fue que la sacaron adelante 20 o 30 socios. En aquel momento, donde había una crisis de liquidez, lanzamos una medida para que se capitalizara el empleo por si la gente quería montar un negocio, pagábamos el desempleo de una vez para que se pudiera capitalizar el negocio o buscar otra solución. En aquel momento, alguno que se iba a jubilar, se quedó y puso el dinero en la cooperativa. Hoy esa empresa es super rentable y yo viví esa misma transformación con muchas otras empresas; por eso saco la conclusión que la sociedad va por delante, tú le das algún instrumento y afrontan los desafíos. Al final, en las crisis también hay momentos de oportunidad si tú eres capaz de innovar y de tener lo más importante, que es tener gente comprometida y con una idea que poner en marcha. Por eso, creo que el binomio que funciona siempre para superar estos desafíos es: innovación y talento.
— En esos momentos estabas en la primera línea política. ¿Dónde empezó esta trayectoria?
— Yo trabajaba en el mundo empresarial y en 1996 me pidieron desde el Partido Popular que colaborara con ellos formando parte del equipo económico a nivel de Huelva. Cuando llegaron las elecciones del año 96 el presidente provincial me pidió que fuera como número tres en una lista para las elecciones al Congreso de los Diputados. Había dos personas por delante de mí, una era la alcaldesa de Palos de la Frontera, Pilar Pulgar Fraile, primera alcaldesa de la Democracia, que no firmó como alcaldesa hasta que Juan Carlos no tomó posesión como Rey, y el número dos era un arquitecto muy conocido, Luis Marquínez. En esos momentos me recorrí todos los municipios de la provincia, eso me sirvió muchísimo -yo sabía que no iba a salir ni de casualidad- pero me ayudó a conocer toda mi provincia pueblo a pueblo. En esos momentos Javier Arenas me conoce y me dice: «Te quiero en mi comité ejecutivo y si estás ayudando en el ámbito económico porque estás trabajando en el mundo empresarial, métete en el equipo económico andaluz del partido». Había otras dos personas que conmigo hacían los informes cada mes: Alberto Jiménez-Becerril y Damián Caneda, que fue también diputado en el Congreso, posteriormente senador y que desgraciadamente falleció. Yo viví en el año 1998 el atentado terrorista de Sevilla a Alberto Jiménez-Becerril, con muchísima cercanía a la familia, a su madre, a su hermana Teresa Yo había trabajado hasta la fecha con él preparando los informes y aunque yo no estaba todavía en la política activa, ese atentado a mí me llenó de compromiso, para mí fue un antes y un después. Entonces Javier Arenas me animó en aquel momento a que formara parte del Consejo de Administración de RTVA y ahí estuvimos José Luis Sanz, hoy alcalde de Sevilla, y yo; y esa fue mi primera entrada en la vida pública en Andalucía. Luego, en ese mismo año se produce un cambio en la presidencia del PP en Andalucía, llega Teófila Martínez y en el Congreso de 1998 me elige Coordinadora de la Presidencia del Partido Popular de Andalucía. Ahí es donde yo empiezo a coger confianza con Teófila y empezamos juntas a recorrer Andalucía.
— En esos años viviste también de cerca otro atentado terrorista…
— Sí, el de José María Martín Carpena que fue asesinado el sábado 15 de julio de 2000, mientras cogía el coche oficial frente a su domicilio para dirigirse a un pregón local llamado el Pregón de la Biznaga. Ese mismo año me llamó José María Aznar para ser número uno en la lista por Huelva para el Congreso. Y de todos los números uno al Congreso, Alfonso Alonso y yo, que éramos los más jóvenes, entramos en el Congreso, Ahí empieza esta etapa y fui elegida diputada de las legislaturas VII, VIII, IX, X, XI y XII.
— El terrorismo de ETA te marcó entonces personalmente…
— Sí, de hecho, cuando iba con Teófila Martínez, yo no tenía escolta y la rutina cada mañana era tirarme debajo del coche y seguir las instrucciones de seguridad. Luego, tuve la suerte de estar en el Gobierno de Rajoy, en mayo de 2018 cuando ETA anunció su disolución unilateral y su final definitivo. Después de todo lo vivido, fue muy importante ver el final, que se había producido gracias a la sociedad española y a las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, gracias al Estado de Derecho.
— ¿También te afectaron mucho los atentados de Madrid?
— Sí, recuerdo muy bien ese 11 de marzo de 2004. Me viene a la mente de esos días como viví un momento muy emotivo con Javier Barrero López, diputado por el PSOE en el Congreso por la provincia de Huelva, con el que yo tenía muy buena relación porque era íntimo amigo de mi tío. Un momento tremendo, los dos sosteniendo la pancarta delante del Ayuntamiento.
— ¿El atentado cambió el resultado de las elecciones?
— Se produjo un cambio. Recuerdo algo que no sé si te la habrá contado Teófila alguna vez. Habíamos hecho la campaña ella y yo, codo a codo -porque coincidían las andaluzas con las generales- y Teófila había salido fenomenal en todos los debates e iba por delante en las encuestas. Tras el atentado todo cambió, ni ella ganó en Andalucía, ni Rajoy a nivel nacional; y Chaves la llamó y le dijo: «Teo, la vida es así, pero tú ibas a ganar las elecciones».
— Años más tarde, se celebra el referéndumpara la Reforma del Estatuto de Autonomía de Andalucía, concretamente el 18 de febrero de 2007. Siempre me pregunto si fue necesaria esa reforma.
— Yo creo que fue una actualización del Estatuto; después de la reforma del Estatuto de Cataluña, se reformaron casi todos los Estatutos de España. Aquí llevaba ese tema, como portavoz, Antonio Sanz, mientras Soraya Sáenz de Santamaría y yo estábamos en la ponencia por el PP, ella por la parte más jurídica y yo por la parte económica. Hay algunas anécdotas de aquel momento muy simpáticas. El presidente de la Comisión Constitucional era Alfonso Guerra, los últimos días estábamos ahí y no conseguíamos cerrar el acuerdo; entonces, la última tarde donde ya estábamos al límite, estábamos con Javier Arenas, Soraya Sáenz de Santamaría y Federico Trillo en un restaurante al lado del Congreso, tomando unos sándwiches, y me dice Javier: «Vete para el Congreso y dile a Alfonso Guerra que nos dé un poco de tiempo para cerrar el acuerdo». Yo me voy para allá -tenía y tengo una buena relación con él- y le digo: «A esto hay que darle un poco de margen porque se sigue negociando». Y él me pregunta: «¿Con quién estáis negociando?», y yo le contesto: «Pues con Chaves y Perales» -que era el que llevaba todos los asuntos autonómicos del PSOE en Andalucía-. Y Guerra me dice: «Tenéis que llamar a la vicepresidenta del Gobierno, que con ellos no vais a conseguir ningún acuerdo, ¿no ves que no quieren?». Total, llamé a Soraya y le dije: «Oye, que nos hemos equivocado, que hay que llamar a María Teresa Fernández de la Vega». Efectivamente, en media hora cerramos el acuerdo con ella.
— Siempre va mejor cuando las decisiones se toman por consenso.
— Se actualizaron las competencias y se modernizó el Estatuto de cara a la España del nuevo siglo y ésta reforma tuvo la virtualidad de pactarse entre las fuerzas políticas con consenso. El éxito es colaborativo, si tomas decisiones con la mayoría perdura en el tiempo. El cambio de un Estatuto, como los cambios electorales, se tienen que hacer al menos con los dos grandes Partidos de España. Yo siempre he dicho que la democracia es como un tren que tiene que ir por dos railes para no descarrilar, el de la derecha, es el partido del centro-derecha y el de la izquierda, el partido del centro izquierda. Cuando uno falla descarrila el tren. Estas dos grandes decisiones se tienen que tomar con el consenso de los grandes partidos.
— Aunque la etapa que viviste en Andalucía en la oposición fue muy rica, porque la recorriste entera y la conociste muy bien, quizás la etapa más importante en tu vida política fue para ti, por la responsabilidad que tuviste a nivel nacional, la que pasaste en Madrid. ¿Es así?
— Siempre estuve muy vinculada a Andalucía, mis hijos nacieron en Madrid, pero están inscritos en Huelva y yo soy muy andaluza, además no he tenido ninguna intención de perder el acento y ahora en mi nueva etapa en la Fundación CEOE, Andalucía sigue siempre estando muy presente.
— La crisis financiera de 2007-2008 fue la más grave desde la Gran Depresión en 1929. Debilitó la economía española por factores coyunturales y estructurales. Un auténtico desastre para nuestra sociedad. Cuando empezó aún no estabas en el Gobierno.
— Yo estaba con Rajoy en el equipo económico del Congreso, en la oposición; allí estábamos Cristóbal Montoro, Álvaro Nadal y yo, que era la coordinadora de todo el equipo económico y la que marcaba las votaciones en el Congreso. Nosotros habíamos ido avisando al Gobierno, teníamos muy buena relación con Pedro Solbes, que entre otras cosas le ganó el debate a Manuel Pizarro, porque «le cuenta su libro» y la verdad es que lo que contó Pizarro no se veía todavía tal. Aquella etapa de 2008 a 2011 fue muy importante e intensa, porque, cuando se comenzó a poner la cosa muy mal, nosotros en el Congreso recibíamos a mucha gente y estábamos al día de todo lo que pasaba. En aquel momento, tratándose de una crisis financiera, no había crédito para las pymes, ni para los autónomos, ni para las familias. El Gobierno nos pidió que acordáramos el Sistema Financiero e íbamos a ver a Solbes y a su equipo, y él nos explicaba que sus soluciones estaban corroboradas por el Banco Central Europeo y por el Banco de España; sin embargo, nosotros estábamos convencidos de que aquellas soluciones no habrían servido para nada. Por otra parte, hablando con Miguel Ángel Ordoñez en el Banco de España, él nos decía que lo importante era la reforma laboral y yo le respondía: «Ya llegará, pero antes hay que solucionar el problema de la liquidez, porque se trata de una crisis financiera». Después vino la Reforma Constitucional de 2011 que modificó el artículo 135 de la Constitución estableciendo en el texto el concepto de ‘estabilidad presupuestaria’ y que el pago de la deuda pública fuese lo primero a pagar frente a cualquier otro gasto del Estado en los presupuestos generales, sin enmiendas o modificaciones posibles. La reforma contó con el apoyo de los dos partidos mayoritarios, Partido Popular y Partido Socialista Obrero Español, así como de la Unión del Pueblo Navarro. La reforma de la legislación laboral en España en 2010 la hizo el PSOE, porque habíamos perdido ya más de tres millones y medio de puestos de trabajo. También se produjeron los recortes famosos con la congelación de pensiones y la eliminación de muchos bonos sociales, pero, cuando se produjo la Reforma de 2010, yo y Soraya Sáenz de Santamaría decidimos hacer una enmienda a la totalidad, porque veíamos que la reforma no era suficiente e íbamos a seguir perdiendo puestos de trabajo. Así que hicimos un texto alternativo. Formé un grupo de trabajo con gente del mundo empresarial, juristas, catedráticos de universidad, para hacer una contrarreforma. Recuerdo que eran 72 las enmiendas que presentamos en las Cortes a la Reforma del PSOE, que fue después la base de nuestra Reforma Laboral de 2012.
— Una Reforma Laboral aprobada por el Consejo de ministros el 10 de febrero de 2012, que modificaba la anterior Reforma Laboral aprobada en septiembre de 2010.
— Exacto. Cuando me llamó Rajoy para pedirme que fuera ministra, me dijo: «Tengo una mala y una buena noticia: la buena es que vas a ser ministra de Trabajo y la mala que tienes tres meses para poner en marcha la Reforma Laboral». Rajoy, tras ganar las elecciones, antes de ser investidos por las Cortes, llamó a los sindicatos y a la patronal a la calle Génova y les dijo: «Poneros de acuerdo sobre una reforma laboral». Luego a mí Cándido Méndez de UGT me contó que fue Juan Rosell de la CEOE quien no quiso ese acuerdo. Rajoy les había dado hasta el día de Reyes para que se pusieran de acuerdo, pero como no hubo acuerdo, seguimos nuestro camino; yo ya tenía el texto alternativo basado en aquellas 72 enmiendas y eso lo complementamos con algunas iniciativas más que teníamos de los últimos tiempos. Recuerdo que llamé a los sindicatos y a CEOE y les hice una pregunta: «¿Qué es lo que no queréis que vaya en la Reforma?». Yo les había contado que era una reforma profunda y equilibrada, que iba a ayudar a superar la crisis sin perder empleo, introduciendo los ERTE, por ejemplo, y otras iniciativas; y ellos me dijeron que no querían que pasara como en Portugal, que habían sido rescatados por Europa, perdiéndose derechos adquiridos y así lo aceptamos. En Europa, a los países que habían sido intervenidos por la Troika, les quitaron derechos adquiridos, por ejemplo, en cuestiones del paro.
— Sin embargo, hubo una huelga general a la reforma laboral cuyo lema fue: «Quieren acabar con todo, con los derechos laborales y sociales».
— Era una reforma profunda, que tenía una virtualidad importante y es que la flexibilidad interna, a la hora de cambiar las condiciones de trabajo entre empresas y trabajadores, entre sindicatos y patronal, haría que en los momentos de crisis no se destruyera empleo, sino que se mantuvieran los empleo cambiando condiciones. Hasta ese momento era imposible cambiar condiciones de trabajo, porque las partes se cerraban en banda, sobre todo los sindicatos y al final para el empresario la única opción era despedir, más caro o más barato, pero despedir. De hecho, con la Reforma del 2012 se termina con el despido libre en España, desde ese momento es ‘con causa’. Y después había una cosa fundamental de cara al crecimiento económico: nosotros antes, para crear empleo nuevo, teníamos que superar un crecimiento de la economía del 2, 5 % o el 3 %; desde ese momento, con un crecimiento entorno al 1 % ya había empleo nuevo. La prioridad aplicativa para los Convenios es que había que tener en cuenta el tamaño de la empresa y darles cierta facilidad a las pymes para poder contratar. Pusimos incentivos muy fuertes a la contracción indefinida. La vida es caprichosa y desde aquí he visto como el presidente Garamendi y el presidente Cuerva, con los sindicatos, diez años después, en el 2021, consolidaron esa reforma. La que iban a cambiar hasta la última coma, la han dejado con dos cambios menores. Con esos ERTE, por ejemplo, pudimos solucionar muchas cosas en el 2020 en la crisis generada por el COVID; con esos ERTE superamos dos situaciones que vivimos en Andalucía y en Castilla León: el incendio de Campofrío y el incendio de Ybarra que fueron situaciones excepcionales durante dos años hasta que se rehicieron las empresas.
— ¿Qué otros momentos importantes recuerdas de esa etapa en el ministerio?
— Pues, más allá de la Reforma Laboral, he vivido momentos bonitos en Andalucía, por ejemplo; el famoso plan de pago a proveedores con más de 41 mil millones de euros, más de 8 millones de facturas en los cajones de todas las Administraciones que salvó más de 100.000 empleos y a más de 200.000 pymes. Yo siempre digo que ha sido el mayor Plan de Empleo que se ha hecho en España en toda la historia. El 15 % de todo eso fue Andalucía y a mí me tocó en la Seguridad Social hacer aplazamientos a Ayuntamientos, porque no tenían manera de abrir al día siguiente. Aquello fue un colapso. Me tocó también el Plan Nacional de Implantación de la Garantía Juvenil, para ofrecer nuevas oportunidades a los jóvenes menores de 25 años que ni estudiaban ni trabajaban y tampoco recibían formación, que cuando España tenía un nivel de desempleo del 50 % Andalucía estaba en el 60 %.
— ¿En qué momento has sentido que tu vocación política cuajaba más en el servicio al bien común?
— Lo que más me ha gustado siempre ha sido tomar medidas concretas que afectaran directamente a la vida de las personas. Por ejemplo, antes de ser ministra, hay un hecho que a mí me llena de alegría como diputada nacional. Yo llegué en el año 2000 al Congreso de los Diputados y el año 2001 fue cuando la histórica mina de la Faja Pirítica de Huelva fue clausurada por falta de rentabilidad. En aquel momento, se encerraron en la mina de Riotinto más de 100 trabajadores en el pozo Alfredo, porque se cerraba la mina. Los sindicatos hablaron con la Junta de Andalucía, gobernada entonces por el PSOE, y también hablaron con el Gobierno de España. Pedían 1000 millones de crédito de las antiguas pesetas al ICO y 400 millones al IFA. Entonces el IFA no daba el dinero si no lo daba el ICO. Los trabajadores habían montado una manifestación en la gran avenida de entrada a Huelva y Pedro Rodríguez, alcalde de Huelva, me llamó y me dijo: «Tenemos que hacer algo», y yo le respondí: «Vale, pues a pelearlo en Madrid». Hablamos primero con el secretario de Estado de Energía, el cual nos dijo que no había dinero y que 1000 millones al final no servían para nada y que, además, técnicamente la mina no podía tener actividad por los precios del cobre en los mercados. Sin embargo, yo le dije que, si le dábamos tiempo, la mina podía seguir adelante, sobre todo porque había muchas familias de la zona de Riotinto que dependían en todo de que funcionase. Le pedimos ayuda a Rodrigo Rato. El presidente del ICO en ese momento era Ramón Aguirre, que también nos ayudó. Así conseguimos el crédito de los 1000 millones. Cuando nos confirmaron que se había aprobado en la comisión delegada, antesala del Consejo de ministros, Pedro Rodríguez y yo nos fuimos para Huelva; llegamos a las 6 de la tarde a Riotinto, y allí nos estaba esperando todo el pueblo en la plaza. Todo el mundo estaba super cariñoso, felicitándose por la resolución; muchas madres de familia llorando. Después de un rato, nos dijeron que habría que ir a decírselo a los que estaban encerrados, que creo que quedaban unos 60. Entonces me dijo a mí el encargado de la mina: «Usted a lo mejor no va, se va a manchar el traje». Yo llevaba un traje azulito de raya diplomática, y le respondí: «Después de lo que hemos pasado, yo bajo los 500 metros que hay que hacer para llegar a los mineros». Son de esos momentos donde percibes la política útil. Aquello le dio vida a la mina y ahora está en pleno rendimiento.
— ¿Ahí empezaron tus buenas relaciones con los sindicatos?
— Sí, ahí empezaron unas relaciones cercanas con los sindicatos, porque es verdad que nosotros nunca les engañamos. A los sindicatos, en la negociación del diálogo social, siempre hay que decir la verdad y yo siempre le decía en cada negociación: «Puedo llegar hasta aquí, pero tenemos recorrido y vamos a intentar una salida juntos». Tú me preguntabas antes por la huelga general que me hicieron en 2012. Yo hice una Reforma Laboral profunda, pero entiendo que equilibrada, 10 años después se ha visto que se ha consolidado. Durante el día de la huelga general, hicimos declaraciones para mostrar nuestro respeto al derecho a la manifestación y al final de la tarde me llamó Rajoy y me preguntó: «Bueno, ministra, y ahora, ¿qué vamos a hacer?». Y yo le respondí: «Yo creo, presidente, que hay que invitarlos mañana a desayunar». Y Rajoy: «Pues, tienes razón, hay que seguir negociando». Yo llamé a los sindicatos por la noche y les dije que el presidente Rajoy nos invitaba la mañana siguiente a desayunar. Recuerdo que quedé media hora antes con el presidente al otro día, y Rajoy me preguntó: «¿Qué les vamos a decir?». Y yo: «Pues, vamos a contarle la verdad, háblales de lo que te dice Merkel cuando hablas con ella, del riesgo que corremos…». En esa reunión, Rajoy les dijo: «Yo no os llamo para que me apoyéis, os llamo para que me comprendáis y, si vais a Europa, que ayudéis a España».
— Se vivió también un momento de gran consenso entre los dos grandes partidos el 18 de junio 2014, cuando Juan Carlos I abdica.
— Son esos momentos históricos que dan alegría vivirlos, porque te das cuenta que cuando se busca un objetivo concreto y las cosas se hacen con convicción, con compromiso y responsabilidad, las cosas salen. La sociedad española es una sociedad madura y lo que necesita también son dirigentes adultos, que tomen decisiones por el bien común. La monarquía parlamentaria es un gran modelo, a España le da continuidad, es la piedra angular de nuestro país que piensa más en el medio plazo. Los partidos piensan más en el corto plazo. Es muy importante que aquello se hiciera bien y fue un orgullo vivirlo. Yo he tenido ocasión, muchas veces en aquellos tiempos, como ministra de jornada o por actos de temas sociales, de acompañar a Felipe VI y a Letizia y es un gran lujo tenerlos. Felipe VI por la gran preparación, por cómo afronta los temas, por las preguntas adecuadas que siempre hace, por cómo lo quiere la gente. He tenido también la suerte de viajar con él fuera de España, desde acompañarlo a un partido de fútbol -todas las finales que ha jugado el Sevilla, donde él ha asistido siempre la hemos ganado- en su participación en actos de la OIT o de otras organizaciones relacionadas con el Comercio; y en todos estos eventos he visto como el Rey es muy respetado, porque tiene conocimiento, tiene preparación, porque habla con cercanía y la reina Letizia igual. Y lo sigo viendo hora cuando voy como CEOE a las Cumbres Iberoamericanas. Es extraordinario el apoyo que le da el Rey a las empresas, como también lo hacía el Rey Juan Carlos.
— ¿Qué opinión tienes de cada una de las presidencias de la Junta de Andalucía desde el año 2001?
— A lo largo de todo este tiempo, Andalucía se ha modernizado, está ahora donde tenía que estar. Creo que, en los primeros años, hasta la crisis financiera, Andalucía avanzó y fue el primer paso que dio Andalucía, también porque participamos de los Fondos Europeos que nosotros siempre los hemos aprovechado bien. Andalucía hizo cosas, podía haber hecho más. A mí de ese tiempo me da pena que Andalucía dejara de ser una Región Objetivo 1. Después de eso y después de la crisis financiera también llegaron momentos tristes en la gestión. No entro en quienes fueron los responsables, pero de alguna manera se perdió transparencia, se llenó de burocracia la Administración, con lo cual, por una parte, el tejido productivo andaluz estaba como más adormecido, le costaba más sacar la cabeza; pese a todo, las empresas lo hicieron bien. Creo que hubo falta de control en las famosas ayudas al empleo, en la FAFFE y en ese tipo de cuestiones. Independientemente de la responsabilidad, yo creo que no ayudaron a la imagen de confianza de Andalucía y se perdieron oportunidades. Hubo un montón de miles de millones de euros que se podían haber aprovechado. Yo recuerdo una cosa que me daba rabia en los primeros años que yo estaba en el Gobierno y era ver que Andalucía era una de las Comunidades Autónomas que más dinero tenía para la formación de trabajadores, del orden de 200 o 250 millones al año para políticas activas de empleo, que junto a Canarias era la región con más paro de España. Yo recuerdo que el primer año le decía a Diego Valderas: «Por favor, Diego, habla con la presidenta», porque no se estaban ejecutando esa cantidad ingente de dinero, además no había planes de empleo en los Ayuntamientos por todo el lío de los ERE.
— ¿Estás hablando de la presidencia de Susana Díaz?
— Sí, porque para esos recursos no había nadie que firmara un papel y tenía que asignar esos Fondos a otras Comunidades si no se ejecutaban, y si no se ejecutaban, se perdían. ¿Te acuerdas del problema de Delphi en Puerto Real que provocó un gran impacto en la sociedad de la zona? Se habían dado ayudas y nos encontramos que había determinadas sentencias que obligaban a pedirles a los pobres damnificados, a los pobres trabajadores, las ayuda que les habían dado a lo largo de diez años. Me acuerdo que con Antonio Sanz, delegado del Gobierno, y con mi equipo jurídico dijimos: «Bajo ningún concepto, aquí hay que dar la batalla y tenemos que buscar una fórmula jurídica segura para todos, para que no les quiten las ayudas que les han dado, después de que de alguna manera sus ilusiones y aspiraciones de tener una empresa que siga funcionando, se hayan esfumado». Eso fue fundamental para mantener la paz social. Conseguimos que esos ciento y pico de trabajadores al menos no perdieran sus ayudas.
— Dime algo especifico de cada uno de los presidentes.
— En lo personal yo tuve una buena relación con cada uno de ellos, más relación con Chaves, por mi cercanía a Teófila Martínez. Con Griñán la tuve siendo diputado nacional, no como presidente de la Junta, creo que fue un incomprendido por los suyos, un gran intelectual, pero no cercano. Con Susana mi coincidencia fue más en los actos institucionales, cuando yo era ministra y ella presidenta de la Junta; teníamos una relación cordial, que seguimos manteniendo. Mas allá de los aciertos y errores de cada uno, tengo una buena relación con todos. Y con Juanma Moreno he vivido muy de cerca su trayectoria desde su llegada como presidente del PP hasta su etapa actual. Sigo ahora colaborando mucho con él; ahora desde el mundo empresarial, con todas las inversiones que podamos llevar para Andalucía. Juntos vivimos, al principio de su legislatura, esa situación cuando Renault en Sevilla estuvo a punto de cerrar. Es más, querían cerrar Sevilla y dejar abierta la factoría de Cataluña. Mi amistad entonces, sea con el presidente de Renault España, sea con Juanma, consiguió que se transformara el modelo de Sevilla, que se pusieran en marcha proyectos de economía circular para vender coches de segunda mano y que la compañía pudiera reflotar en esos años difíciles. Ahora Renault en Sevilla es el centro a nivel global de cajas de cambio, al centrarse en los vehículos híbridos. A Juanma le veo un presidente muy comprometido con Andalucía, ha entendido muy bien Andalucía, se la ha recorrido de punta a punta, comarca a comarca y tiene también un mensaje directo y cercano. Dio un mensaje de esperanza desde el principio, ahora tiene un buen gobierno y va haciendo lo que promete.
— ¿Una de las claves ha sido la relación público-privada?
— Él ha hecho tres cosas muy importantes para generar confianza: decir la verdad y poner objetivos creíbles; colaboración público-privada, sabiendo que las potencialidades de las que antes hablábamos, ahora nos vienen de cara; eliminar burocracia y que esos funcionarios que estaban deprimidos pudieran dar un cambio, porque él los ha hecho protagonistas; tenemos grandes funcionarios en la Junta, lo que pasa es que estaban desaprovechados. Y luego, Juanma ha entendido la diversidad de Andalucía que además tiene una ventaja: tiene concertación social, lo está haciendo de la mano del diálogo social, tiene buenas relaciones con los sindicatos y con la patronal, desde el primer momento, y también las tenía desde la oposición. Ha sabido también conciliar una gran mayoría y ha establecido una cultura distinta: quiere la Andalucía emprendedora, quiere la Andalucía que confía en sí misma, con orgullo de pertenencia, de andalucismo del bueno, porque somo capaces de lo que queramos, si nos lo creemos. Antes ningún joven quería emprender, ahora, si no trabaja por cuenta ajena, emprende. Esa nueva Andalucía dinámica, emprendedora, alegre, es la visión que tiene ahora España de Andalucía. Que además es integradora dentro del conjunto nacional.
— Señálame a algunos personajes que han influido en el desarrollo de Andalucía en estos años.
— Del mundo empresarial pienso en muchísimas personas y por decir dos nombres pienso en Francisco Martínez-Cosentino o Paco Díaz, fundador de Supermercados El Jamón. El mundo de la cultura es riquísimo también en protagonistas, pero quiero recordar en modo especial a una persona que ha intentado hacer cultura de la buena en Andalucía, como hizo don Manuel Clavero Arévalo y otros que, como él, también han ayudado a construir esa marca. Y, por supuesto, la Andalucía anónima, Teófila Martínez la llamaba la mayoría silenciosa, esa que, con su esfuerzo, cada día ‘hace’ Andalucía. Me sucedía a menudo, cuando era ministra, viajando en el AVE, de encontrar personas diversísimas, por ejemplo, trabajadoras de una cooperativa que iban a vender la fruta en otros países de Europa, andaluces sin miedo. Yo soy de la provincia del descubrimiento de América y pensar que unos señores se monten en unas naves para descubrir una nueva ruta y terminan descubriendo un nuevo mundo, impresiona. Ese hito histórico fue la primera operación de emprendimiento, clave de la historia de Andalucía. Nosotros, los andaluces, nos comemos el mundo, sin miedo, da igual que sepamos hablar inglés o que no. Llevamos dentro una creatividad, unas ganas de emprender, una alegría natural y ya sabemos que son los optimistas, junto a los valientes, los que cambian el mundo. Los tristes y los cenizos, los que ven la botella medio vacía son los peligrosos. Ya la vida es difícil de por sí, pero hay que ver siempre la salida positiva de las cosas. Yo creo que, más que la Andalucía del quejido, es la tierra de la gente que se levanta cada día y que trabaja por construirla. Son muchas pymes, muchas cooperativas, muchos autónomos los que la están haciendo. Piensa por ejemplo en la agricultura andaluza, cómo se ha reinventado. Pienso en mi abuelo que era agricultor y veo la diferencia de cómo iban antes al campo y cómo van ahora; como se gestiona el agua con sistemas de riego hidropónicos en el campo pudiendo utilizar hasta la última gota; la ganadería, con esos microchips para distinguir y realizar un seguimiento de los animales de manera individualizada. Estamos viendo como avanza la innovación en todos los sectores, como se desarrolla la industria y el gran momento que están viviendo por ejemplo las TIC en Málaga donde las universidades, las Administraciones y las empresas van a una. La gran agenda de España es la agenda del talento: atraer, fidelizar y motivar el talento, porque sin personas no vamos ni a crecer ni a prosperar. De otra persona que tampoco me olvido es mi amigo Javier Arenas, que ganó unas elecciones, pero no pudo gobernar; sin embargo, ha sido fundamental no solo en el Partido Popular, sino en general en nuestra historia reciente de Andalucía; él siempre nos inculcaba, y lo sigue haciendo, que hay que avanzar integrando a las personas y sumando. Eso nos ha ido siempre bien y en su tiempo consiguió convencer a un grupo de jóvenes, entre los que estábamos yo y Teófila y a los grandes alcaldes, que proveníamos de todas las zonas y de diversos sectores, para que tuviéramos un compromiso con nuestra tierra.
— ¿Cómo has entendido este compromiso?
— Siempre me he sentido muy comprometida con mi tierra, me ha encantado no ser protagonista, sino ayudar, que no es lo mismo. Yo me siento colaboradora, no protagonista, los protagonistas son otros y lo digo con alegría y con orgullo. Yo siempre que he podido ayudar a mi tierra, lo he hecho y lo sigo haciendo. Ahora como Fundación CEOE. Durante el COVID yo le dije al presidente: «Vamos a terminar vacunando en las empresas», y así lo hicimos. Te acordarás que lo hicimos en el Polígono Aeroespacial de Sevilla, en los Puertos de Huelva; en Córdoba, en el centro de operaciones de ATA, pusimos un centro de vacunación para los taxistas. Estuvimos colaborando con los Bancos de Alimentos, recuerdo todo lo que trabajé para llevar pescado fresco desde la Lonja de Huelva a los Bancos de Alimentos de Sevilla. Después con los ucranianos; abrimos un centro en Málaga con el alcalde y con la Junta de Andalucía, donde seguimos teniendo personas de la Fundación que siguen atendiendo a mucha gente con la integración a través del empleo.
— ¿Qué matices diferentes hay entre los distintos presidentes que ha tenido y tiene el PP, tú que has vivido casi todas las etapas?
— Yo conocí a Manuel Fraga, era un hombre que tenía el Estado en la cabeza y sobre todo era incombustible. Recuerdo que estábamos en algún acto de partido, él estaba ya muy mayor, y presentábamos las conclusiones de algo y se leía el papel entero y te hacia aportaciones, aunque estaba super mayor. Genio y figura. José María Aznar fue un gran presidente que consolidó por primera vez el cambio político en España. Ha sido uno de los mejores presidentes que ha tenido la democracia española, por el crecimiento del país y por el avance y la integración en la Unión Europea. Sigo teniendo una buena relación con él. Con Rajoy he tenido un trato más cercano, empezó siendo mi jefe y ahora somos amigos. He sido ministra con él y es un hombre que sabe delegar. A veces, en los Consejos de ministros, hay división de aproximaciones a un tema, yo tengo que decir que a mí siempre me dejó hacer. Luego vi siempre esa parte humana que entiende el diálogo social y logra grandes acuerdos. En el ámbito del empleo, para los Gobiernos del PP tuvimos un gran referente que fue Arenas en los Gobiernos de Aznar y yo modestamente intenté dar continuidad en los Gobiernos de Rajoy. Él siempre me dice cuando le doy las gracias: «¿Qué ministros empezaron conmigo y terminaron conmigo en los siete años?: Soraya Sáenz de Santamaria, Montoro y tu». A Feijóo lo conozco desde que estaba en Correos, fue Teófila Martínez que me lo presentó. En su primera toma de posesión estuve con mi marido, no tuve trato con él de ministra. Hablo mucho con él y le ayudo en lo que puedo, estoy en el consejo asesor de la Fundación del PP, Reformismo 21. Creo que va a ser mejor presidente de gobierno que candidato, porque es muy difícil hacer oposición en este momento político que vivimos, siendo él un hombre moderado, centrado, es un Rajoy de este tiempo, es muy buen gestor y es valiente. Ha demostrado, haciendo una buena gestión responsable, en la comunidad Autónoma que presidía en todo ese tiempo de crisis, que no tuvo que pedir auxilio financiero ni nada, le votaron repetidamente mayorías absoluta. Una nueva manera de hacer política, responsable, buena para dos generaciones a la vez, sin dejar hipoteca al futuro y que la ciudadanía entiende, porque le habla con transparencia y los trata como adultos.
— El 7 de enero 2020 Pedro Sánchez Pérez-Castejón es investido presidente de España, conformándose el primer Gobierno de coalición desde la Segunda República. ¿Se podía prever lo que ha ido aconteciendo posteriormente?
— A mí los propios del Partido Socialista me decían que Pedro Sánchez era muy atrevido, por decirlo suavemente, pero yo nunca creí que iba a llegar tan lejos. Yo soy muy amiga de Marcos Peña, expresidente del CES, un hombre de izquierda de toda la vida, y él siempre me recuerda que lo primero y lo más importante que hay que hacer para servir a tu país, para servir a España desde cualquier cargo público, es favorecer la convivencia y luego hacer políticas sectoriales. Creo que ‘alguien’ no ha empezado por el principio.
Mientras nos saludamos le pregunto cómo le gustaría que le recordaran y sin dudarlo me responde: «A mí como a una andaluza comprometida».
Es lo que destilan muchas de las experiencias que me ha ido contando durante la conversación, recuerdos que resalen a la etapa en la que, sin estar en el Partido Popular, colaboró desde el sector empresarial, recuerdos de su paso por el Comité́ Ejecutivo Regional del PP-A en 1996, de los años que ejerció como ministra de España o de los más recientes como presidenta de la Fundación CEOE. Seguimos charlando y cuando me acompaña al ascensor, le pido que le eche un piropo a Andalucía, me regala una sonrisa que involucra tanto a su boca como a sus ojos y me dice con firmeza: «Andalucía es mi vida».
Manuel Bellido
Entrevista publicad en el libro 25 de 25 editado por la Fundación José Manuel Lara

