Morante de la Puebla me recibe en la Huerta de San Antonio, su finca en la Puebla del Río, a orillas del Guadalquivir. No se podía encontrar mejor marco para la entrevista que esta hacienda única, dedicada en su mayor parte a la ganadería y al toreo; un recinto que tiene mucho de viejo cortijo andaluz.

Mientras espero al Maestro en las salas de la parte baja de la finca, me recreo en todos y cada uno de los elementos taurinos que decoran sus paredes: carteles antiguos de feria, fotografías antiguas, cabezas de toros disecadas, estatuillas, trofeos y reconocimientos que posan sobre la chimenea y otros muebles antiguos; son piezas que reflejan la historia y el estilo de épocas pasadas y que Morante ha ido coleccionando con gusto de anticuario experto. En la sala principal destacan los muebles del despacho y una fotografía casi de tamaño natural que fueron del mítico torero José Gómez Ortega, Joselito el Gallo, «el rey de los toreros» que tanto ha influido en el estilo clásico de Morante y en el respeto que Morante tiene por la tradición taurina.

Cuando Morante entra en la sala, tengo la impresión que la habitación se ilumina; una especie de halo místico, un aura de misterio y espiritualidad envuelven al torero. Estoy quizás ante el diestro más importante de la historia, y no solo porque haya recibido ya el premio Nacional de Tauromaquia en 2021 concedido por su «renovación del toreo clásico», o el premio Andalucía de la Tauromaquia en 2024, sino porque su toreo embriaga y emociona hasta el punto de raptar los sentidos de los aficionados. 

José Antonio Morante Camacho, historia viva de la tauromaquia, conocido artísticamente como Morante de La Puebla, nació en La Puebla del Río el 2 de octubre de 1979. Tiene tres hijos y en la actualidad está casado en segundas nupcias con Elisabeth Garrido.

Pedro Márquez, su amigo y apoderado que nos ha acompañado hasta ese momento, nos deja acomodados en una pequeña sala, un espacio íntimo y acogedor donde conversamos de su vida, de sus aficiones, de sus valores, de las últimas corridas, de la enfermedad mental que tanto le hace sufrir, De esta larga conversación extraigo algunas cuestiones que son las relativas al tema de este libro. Morante me habla a corazón abierto.

—      ¿Como describirías estos 25 años?

—      Este primer cuarto del siglo XXI es un periodo que yo, como torero, he vivido viendo que el toreo al final tiene ganada la partida socialmente, porque está cada vez más consolidado frente a los ataques de los antitaurinos que desde hace unos pocos de años hemos venido sufriendo. Actualmente lo estamos padeciendo menos. Es una señal que, desde el punto de vista social y político, hemos ganado la razón y hemos ganado la confianza de esta tradición española. Después, en estos veinticinco años, han pasado muchas cosas, pero tengo que decirte que, por este trastorno disociativo, esta enfermedad compleja, triste y dolorosa, muchas cosas no las tengo presentes. Últimamente soy bastante ajeno a lo que pasa a mi alrededor, aunque siempre me ha gustado estar atento a la actualidad y a los acontecimientos importantes, no solamente en Andalucía sino en el resto del mundo; como, por ejemplo, lo que fueron los atentados del 11 de septiembre de 2001 con el impacto de los aviones contra el World Trade Center de Nueva York, que muchos pudimos seguir en directo en televisión. Yo recuerdo que estaba en un pueblo, no recuerdo el nombre, estaba con Joselito, con el que toreaba esa tarde y lo vimos en televisión. Después, en el pasillo del hotel, los toreros y los banderilleros nos parábamos y comentábamos lo que habíamos visto por televisión, porque estábamos todos muy impresionados. Aquello fue algo muy fuerte y diría increíble. Aquello produjo un cambio muy grande, también a nivel sentimental, sensitivo, por ese caos y ese gran sufrimiento que produjo por tantas muertes, porque además se producía en un país que parecía   muy seguro y con tanto presupuesto dedicado a la seguridad y a las infraestructuras. Nos preguntamos en mano de quién estábamos.  

 —     ¿Recuerdas algo de aquellos momentos en 2002 cuando el euro comenzó a circular como nueva moneda en Europa?

 —     Sinceramente no recuerdo mucho de esos momentos, pero sí recuerdo que ya no pagamos con la peseta y había que estar calculando el cambio. También recuerdo que se encareció mucho todo. Uno no se daba cuenta, pero cuando calculaba el cambio comprobaba que todo se había encarecido. En aquellos primeros momentos tuvimos también un poco de nostalgia de la peseta.

     El 11 de marzo de 2004 sufrimos otro atentado. En ese 11M pierden la vida 192 personas. ¿Cómo fue para ti?

—      De eso mi memoria me falla un poco más, pero lo que recuerdo es que teníamos ya una idea de quién podía ser el enemigo, algo que no conocíamos antes de los atentados en Estados Unidos, aunque algo de confusión sobre eso hubo en los primeros momentos porque desgraciadamente teníamos el recuerdo de los muchos atentados de ETA, después comprendimos que habían sido los yihadistas. Lo cierto es que estos atentados marcaron de alguna manera la intención de voto en las elecciones y las previsiones que se tenían sobre el resultado cambiaron.

      El crac económico de 2008 fue una crisis que cambió el mundo. ¿Cómo afectó al mundo del toro?

—      No recuerdo de haber toreado menos en aquella época, porque las corridas van en función de las ferias y las ferias siguieron celebrándose.  Lo que sí recuerdo es que muchos amigos, sobre todo constructores, sufrieron mucho y algunos se arruinaron. Aun teniendo patrimonio y probablemente un gran futuro, se quedaron sin posibilidades de maniobrar. En ese sentido no lo sufrí, porque no tuve nuca negocios inmobiliarios, pero todos esos gremios relacionados con la construcción, como la fabricación de materiales, los albañiles, fontaneros, electricistas vivieron un momento durísimo. 

—      Juan Carlos fue rey de España desde el 22 de noviembre de 1975 hasta el 18 de junio de 2014, cuando abdicó la Corona en su hijo Felipe VI. Tú has tenido siempre una buena relación con la Casa Real.

—      La Casa Real siempre ha sido muy tradicionalista en ese sentido y siempre han acudido a los toros, por ejemplo, a la Corrida de Beneficencia de Madrid, que se celebra tradicionalmente en la plaza de toros de Las Ventas; la presiden y después nos reciben personalmente a los toreros para felicitarnos y hacernos unas fotos juntos. A Juan Carlos siempre le hemos tenido mucho cariño, coincidimos en muchísimas corridas, sobre todo en estas de la Beneficencia.  Su reinado fue muy bueno y dio mucha estabilidad al país, que hacía mucha falta, después de la Transición.

—      ¿Y Felipe VI?

—      A Felipe lo veo muy bien, es un rey bastante respetado, dentro y fuera del país y así es reconocido en todos los eventos y actos donde participa, como en su visita a Paiporta por lo de la Dana o a Roma cuando ha ido para saludar al nuevo Papa. Lo hace todo de una manera muy soberana y con mucha categoría.  Tiene también ese don de su padre, de cercanía. De aquí a poco lo volveré a ver en Madrid en la Corrida de Beneficencia.

—      2020 se caracterizó por la pandemia de COVID-19. ¿Tú te contagiaste?

—      No, yo no lo pillé. Lo que sí me acuerdo es que teníamos que llevar siempre mascarilla por todos sitios, no poder torear y cuando finalmente se podía el aforo en la plaza era del 50 %. El COVID fue algo que nos tocó a todos, en nuestras propias casas y familias. Al toreo le hizo mucho daño como espectáculo público, porque se suspendieron muchas corridas. Afectó a la salud y también a la economía.  

—      Señálame a algunos personajes que han influido en el desarrollo de Andalucía en estos años.

—      A nivel cultural y a nivel artístico hemos exportado mucho Andalucía. Te hablo de Antonio Banderas, que es un grande y que ha exportado mucho arte, muy buen cine. En el baile, Juan Manuel Fernández Montoya conocido como Farruquito, Sara Baras; en el cante José Mercé, un cantaor de flamenco nacido en Jerez; Tomatito, el guitarrista flamenco gitano nacido en Almería, Alejando Sanz, Manuel Carrasco…

—      ¿Como es tu relación con Juanma Moreno?

—      De mutuo respeto, tanto en el ámbito público como en el personal. Le da mucho apoyo a la tauromaquia. Juanma es muy cariñoso, todo el tiempo que he estado en Portugal con esta enfermedad de mi cabeza, él me ha llamado muchas veces expresándome su apoyo y cercanía y eso siempre se lo agradeceré. Aunque muchas veces he pensado que no soy tanto para tener esta atención y para importarle, sin embargo, siempre me ha demostrado un cariño sincero y especial; y por mi parte no solo quisiera agradecérselo, sino también ofrecerle lo mejor.  En Sevilla últimamente le brindé un toro.

—      Y él te dijo: «Gracias a ti, por lo que estás haciendo, por fomentar nuestra cultura».  Hablando últimamente con él, me subrayaba que eres una figura de la tauromaquia para la eternidad, que estás haciendo muchas cosas buenas dentro y fuera de la plaza a favor de los toros.

—      Sí, pero el agradecido soy yo por todo lo que está haciendo él, que también a nivel político está haciendo mucho para que Andalucía avance.

—      ¿Tienes algún recuerdo personal de la infancia que te llame la atención principalmente y recuerdes con algún sentimiento? Sé que tu pasión por el toreo comienza a los 5 años viniendo de una familia no taurina.

—      Mi niñez fue siempre jugando al toro y la primera vez que me puse delante de una becerrilla fue con seis años; una becerrilla de una ganadería de aquí, de Pérez de la Concha. Me llevó mi padre. A él le gustaban los toros, el mundo del toro. Mi padre trabajó siempre en Arrocerías Herba, pero, como a su niño le gustaban los toros y quería ser torero, me llevaba a muchos sitios, a los tentaderos y un día, en uno de ellos, dijeron los banderilleros de allí: «venga, que se ponga el niño». Le di un pase a la becerrilla y al segundo ya me agarraron todos ellos y me quitaron de en medio para que la baquilla no me tirara, que era más grande que yo. Jugaba mucho en la calle con los otros niños, porque no había tantos coches y no era peligroso como ahora. Allí también me aficioné a jugar al fútbol.

—      ¿Tu madre te hizo alguna vez algún capotillo para jugar al toreo?

—      Me lo hizo una prima mía. Yo iba guardando el dinerillo que me daba mi madre para el colegio, para comprar el bocadillo; yo lo iba ahorrando, aunque le decía a mi madre que me comía el bocadillo, pero en realidad yo lo iba guardando. Con ese dinero fuimos con mi prima a comprar una tela, en una tienda de La Puebla y ella me hizo una muletilla; una tela que no costó mucho, pero que se compró con ese dinerillo de los bocadillos que yo iba ahorrando.

—      ¿Te llevaba tu padre a alguna corrida?

—      Sí, me llevaba, sobre todo cuando toreaba alguien del pueblo, alguien conocido. Íbamos a Sevilla y yo me hacia el dormido para que mi padre me cogiera en brazos y así no tener que pagar dos entradas. Así entrabamos.  El portero de la plaza de toros me dejó entrar hasta que ya era demasiado grande y se veía; desde entonces comenzamos a pagar la entrada.

—      ¿Qué probabas de niño entrando en la plaza?

—      Para mí era una maravilla, un sueño, una ilusión. 

—      ¿En esa trayectoria nunca tuviste miedo de hacerte torero?

—      El miedo siempre me acompañó. El sueño de ser torero es un sueño muy bonito, pero está acompañado del miedo. El miedo nunca se separa de nosotros. Solo cuando terminas la corrida, a veces y te estás duchando en la habitación, te encuentras ya relajado. Yo desde chiquitito sentí miedo, también me daba miedo no conseguir lo que yo quería, que era ser torero y triunfar. Con ese ánimo fui creciendo y fui triunfando, afortunadamente.

—      ¿Qué ejemplos y modelos toreros tenías en aquellos años?

—      Yo no tuve un modelo a seguir. Yo interpretaba el toreo por mis sentimientos, por lo que yo sentía por dentro. Los novilleros y algún matador de toros de la Puebla, como José Luis Peralta, me llevaban a entrenar y me decían técnicamente cómo tenía que hacer, «por aquí, por allí, has esto, has lo otro». Fui aprendiendo la profesión, pero nunca tuve a nadie al que querer parecerme.  

—      ¿Hoy los toreros son muy distintos a los de hace 25 años?

—      Todo va evolucionando, el toro, sobre todo. Hoy se lidia a un toro más grande que los que había hace 25 años, con más clase que hace 25 años, el toreo evoluciona a través del toro, a través de la embestida. Yo creo que hoy se torea mejor que nunca, pero no es solo el torear, es la esencia y para la esencia a mí me gusta mucho mirar hacia atrás, mirar a principios de siglo, a Joselito el Gallo, de Belmonte…

—      ¿Hay una vuelta al toreo clásico?  

—      Hubo un momento en que el toreo fue distinto, en tiempos de El Cordobés, que fue un fenómeno, de Jesulín también y ahora quizás se está volviendo al toreo clásico de siempre. Bueno, no de siempre, porque ahora se torea mucho más quieto, más parado que nunca. Lo que es la idea, el sentido de hacer en la práctica algo clásico se está recuperando. 

—      ¿Has razonado o racionalizado alguna vez lo que tú has aportado al toreo?

—      Sí, yo lo veo y me hablo y me digo las cosas que he conseguido y en las que estoy, pero ahora es tanto el sufrimiento de mi enfermedad con las depresiones y lo que siento en mi cabeza, que lo que me gustaría sería pasar página y sentirme liberado. Eso sería lo más grande del mundo. Es difícil.

—      ¿Cuál crees que ha sido tu aportación al toreo?

—      Mi aportación ha sido el sentimiento, el llevar esa escuela clásica sevillana por el mundo con un duende especial, que ni yo mismo puedo explicar. No sé, será la tierra que me da esto. 

—      Creo que algo se transforma en ti antes de la corrida y te dura hasta media hora después que has terminado.

—      Sí, uno se mete ya en uno mismo e intento buscarme, buscarme, buscarme por dentro y en eso hay un esfuerzo, una agonía para que salga ese tipo de toreo. Ese toreo que sufre, pero que a la vez da alegría al verlo. Es algo extraño, una cultura difícil de explicar, donde es tanto el peligro y tanta la alegría cuando un torero triunfa. Eso es difícil de definir. Por lo menos yo no estoy capacitado para hacerlo.

—      Cuando miras al toro a la cara, se percibe una especie de fluido de amor, entre tú y el toro.

—      Lo miras a los ojos y a través de ese diálogo interior, se revela el diálogo estético. Se establece un baile, un paso a dos, a veces dramático. Intento enamorar al toro para que él se entregue en su embestida y pueda caer en mis brazos.

—      Se dice que «el toreo es Eros y Thanatos», una metáfora que describe el toreo como un arte, una danza de peligro y pasión, donde el torero y el toro se enfrentan en un ritual de tensión y belleza. ¿Qué prevalece en esa danza entre los dos?

—      Hay que tenerlo todo, valor y miedo, porque sin el miedo uno sería un loco, y hay que tener amor. No prevalece ninguna de las tres. 

—      ¿En qué momento se encuentra actualmente la ganadería del toro bravo?

—      Creo que se encuentra en un momento bueno. Pueden salir las corridas, peores o mejores, pero en general últimamente ha salido un toro con más clase que antiguamente y a los que se les puede torear mejor que en aquellos principios míos y el toreo era para otro tipo de toro. Las ganaderías de toros bravos hoy yo la veo a un gran nivel. 

—      El debate sobre el maltrato animal en el toreo ha sido constante, pero parece haberse recrudecido en los últimos años.

—      Este es un arte que a veces es incomprendido y es verdad que hay un animal que muere, pero todos los animales se crían, casi, para la muerte. Bien para comerlos, bien para otras cosas. Pero esto es algo, digamos, festivo; por eso quizás la gente se pone en contra. A mí me da mucho coraje cuando veo a algunos que critican así al toreo, pero ¿qué se puede hacer?; intento pensar en otra cosa.

—      La importancia de la tauromaquia en Andalucía data desde los siglos XV y XVI, está muy arraigada, encabeza la crianza del toro de lidia de casta andaluza, celebra una cantidad importante de espectáculos taurinos todos los años a lo largo del centenar de plazas que contiene la región, hay mucha afición. ¿Corre peligro este aspecto de nuestra cultura?

—      Yo veo y compruebo que cada vez son menos las manifestaciones antitaurinas y cada vez más se siente uno más apoyado moralmente por la política y por la sociedad. Creo que la tauromaquia vive uno de los mejores momentos.

—      ¿Cuáles son las aficiones que mueven tu vida hoy?

—      Me ha gustado mucho siempre jugar al fútbol, al tenis, al frontón, ese juego de pelota que se practica en una cancha delimitada por paredes, que es un deporte muy típico de los toreros; el boxeo también me ha gustado mucho, la pintura, la literatura y sobre todo las cosas antiguas. Siempre me ha gustado aprender de las cosas antiguas. En el toreo, que es mi caso, me gusta ver y conocer todas las antigüedades que hay de la tauromaquia.

—      Los trajes de luces de los toreros pueden ser de una gran variedad de colores y cada torero elige el color que más le gusta, reflejando su estilo y personalidad. ¿Cuáles son los que más te gustan?

—      Todos los años te hacen los trajes nuevos para estrenar en la temporada, en Sevilla o en Madrid, y todos los años tienen que ser diferentes, al menos un poco, para que no parezcan que son los mismos. Hay muchas variedades de colores en los que me he puesto y en los que me seguiré poniendo. No tengo ningún color preferido.

—      Cada corrida es distinta, cada plaza, cada toro. ¿Es un acto creativo torear?

—      Es el acto más creativo, porque la figura del toro bravo en cada corrida nunca sabes cómo va a ser, como va a salir. No sé si el creativo, al final, es el toro o el torero. Van de la mano. Es un oficio donde hay que estar continuamente cambiando de planes, porque a veces el toro que tú crees que va a salir, no sale. Viene con otras intenciones y tienes que ir viendo y en fracciones de segundos te tienes que ir acoplando a su embestida.

—      ¿Es posible que, cuando estas delante del toro, te vengan a la vez tres ideas distintas de cómo proceder?

—      Uno tiene más o menos en la cabeza lo que va a hacer, pero después sale el toro y uno tiene que improvisar. Al toro, a lo mejor, piensas pararlo de una manera determinada y a lo mejor llegando se queda en medio de la plaza, no acude a los burladeros y todo lo que habías pensado o creado hay que cambiarlo en la forma. De ahí la singularidad distinta que tiene cada toro y la creatividad distinta que hay que generar, porque no se sabe cómo va a actuar.

—      Da la sensación, cuando estás en medio del ruedo, que tienes tal concentración que nada te disturba alrededor.

—      Eso es lo que uno busca. La corrida es un romance entre el torero y el toro y el público está de testigo; pero también es verdad que cuando una plaza dice ‘olé’ y ruje y te aplaude, uno también se llena, se satisface. Pero se intenta siempre evadir de las calificaciones que se reciben en esos momentos.

—      ¿Qué cuentan más: los trofeos, las orejas y el rabo o las sensaciones?

—      A uno le gusta que le premien, pero hay veces que no te premian y sin embargo uno sale más contento que otras donde te premiaron. Depende de la faena que realices, de la suerte que estés realizando. Depende de muchas cosas. ¿A quién no le gusta que el triunfo sea remunerado con los trofeos? Sin embargo, hay veces que un gesto, como por ejemplo en Sevilla en mayo, parar al toro con recibo de capa o con el capote suelto a una mano, te dan más que un trofeo.

—      Personalmente, ¿qué te han aportado estos años?

—      Me han dado y me han aportado lo que soy, lo que tengo. Experiencia, vida, amigos. También mucho sufrimiento para lograrlo, trabajo, esfuerzo y sacrificio.

—      Dime un rasgo característico de tu temperamento.

—      Quizás a veces soy impulsivo, pero con una guasa socarrona. No soy impulsivo con mala intención. Delante del toro no se pueden tener dudas.

—      ¿Cómo te gustaría que te recordaran?

—      Como un torero que dio su vida por su profesión, alguien que ha sacrificado su vida para vivir para el toro.

—      Échale un piropo a Andalucía. ¿Qué es para ti?

—      Andalucía es la alegría. La tierra más alegre que conozco en todo el mundo y conozco muchas tierras. La pena también la vivimos con mucho respeto. ¡Fíjate con cuanto sentimiento vivimos la Semana Santa!

Durante un buen rato más, José Antonio me sigue hablando de su pasión por engrandecer el mundo del toro, esta tradición y este arte popular español. También me cuenta detalles de cuando el 3 de agosto de 1991, sin cumplir aún los 12 años, vestido de un añejo celeste y oro, debutó como novillero sin picadores en la localidad de Montellano o la emoción de ese día de 1997 cuando en Burgos tomó la alternativa, siendo su padrino César Rincón y ejerciendo como testigo Fernando Cepeda.

También me habla del traje de luces que utilizó en su histórica faena del pasado 26 de abril en la Real Maestranza de Caballería y que ha regalado al museo de la Plaza de Toros de Sevilla, un traje color azul turquesa y azabache, que lleva los bordados de otro que utilizó Gallito. Me comenta algunas de las fotografías que tiene enmarcadas en las paredes de la sala y me muestra los objetos de anticuariado y antigüedades que decoran las habitaciones.

Compruebo que Morante no entiende la vida sin el arte. Durante la conversación su forma de hablar ha sido tranquila, serena, pausada, como lo es su toreo. Mientras me alejo después de darnos cita en su próxima corrida, reconozco que Andalucía se engrandece con el talento, la historia, la cultura, el carácter de sus gentes y el arte de personas como Morante de la Puebla.

¡Qué privilegio vivir en esta tierra!

Entrevista publicada en el libro 25 de 25 Conversaciones sobre el primer cuarto del siglo XXI – Manuel Bellido – Fundación José Manuel LaraNoviembre 2025

por @mbellido

La web del periodista Manuel Bellido Bello con opiniones, artículos y entrevistas publicados desde 1996. Manuel Bellido https://en.gravatar.com/verify/add-identity/09e264a7e3/manuelbellido% 40manuelbellido.com