La revolución digital y el desarrollo de las nuevas tecnologías ha amplificado y multiplicado el uso de los medios de comunicación, acelerando la transmisión de los mensajes, simplificando la escritura y el formato de los textos. Estos cambios también han traído nuevas profesiones, la reorganización de los trabajos, del rendimiento y de la productividad por sectores especializados. Por supuesto ha generado nuevos lenguajes y ha favorecido la conexión de instrumentos y herramientas. Los capitales se han movido masivamente invirtiendo en estos nuevos sectores, simplificando así la distribución y la promoción de los nuevos productos.

En este contexto, la intervención de la IA en un clima de incerteza en la evolución del trabajo cultural me hace temer por el futuro de la expresión del pensamiento libre y democrático en el periodismo y en el sector de la comunicación.

Somos conscientes de cómo emergen nuevos imperios tecnológicos bajo el poder de pocas manos y en muchos casos también al servicio del poder político.  

La población global se fragmenta en las redes sociales y la IA en muchos casos orienta sutilmente la actividad del pensamiento, de la organización del trabajo y del saber.

Estamos ante un nuevo escenario y ante nuevas formas de vehicular el conocimiento y, considerando a que velocidad se desarrollan estas nuevas tecnologías, merecería pararnos y reflexionar sobre presente y futuro.

¿Qué horizontes se vislumbran para el futuro? ¿La cultura seguirá fundándose sobre el pasado, expresándose en el presente y proyectándose al futuro? ¿Se dejará la cultura, en este nuevo contexto, aplastar en un eterno presente que arriesga, como ha respondido el ChatGPT, reflejar, recombinar, elaborar lo que ya existe en el training data?  

Reflexionando, imagino una solución:  realfabetizar, construir minorías aguerridas, inteligentes y preparadas. Crear una elite con capacidad de orientación y selección, con criterio crítico que sepa cuestionar la información, contrastar datos y argumentar las propias ideas mediante la razón en lugar de aceptar los mensajes sin pruebas.

Los que trabajamos en el ámbito de la cultura, los obreros del conocimiento, no podemos hacer como si nada estuviera cambiando.

Leeré con atención el mensaje de León XIV para la 60.ª Jornada Mundial de la Paz, que se celebrará el 1 de enero de 2027. Este pensamiento anticipa algo de su contenido: «Desarmar la tecnología, servir a la paz. La política como responsabilidad preventiva». Se hacen referencias a los temas de la encíclica «Magnifica Humanitas».

«La Inteligencia Artificial debe ser desarmada». Dice el Papa,  «La palabra es fuerte, lo sé», admitía León XIV, «pero se ha elegido deliberadamente porque este momento necesita palabras capaces de llamar la atención, despertar las conciencias e indicar caminos a seguir para la humanidad». Desde hace tiempo, subrayaba el Papa, la Iglesia se compromete a favor del desarme nuclear, como «servicio a la paz y a la dignidad de la familia humana». En un sentido análogo, «la Inteligencia Artificial exige hoy ser desarmada», porque «al igual que la energía nuclear, debe estar al servicio de todos y del bien común». Y «las decisiones sobre la tecnología nunca deben separarse de la conciencia y la responsabilidad».

por @mbellido

La web del periodista Manuel Bellido Bello con opiniones, artículos y entrevistas publicados desde 1996. Manuel Bellido https://en.gravatar.com/verify/add-identity/09e264a7e3/manuelbellido% 40manuelbellido.com