Editoriales de Agenda Empresa

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posted by @mbellido 2 febrero 2000

Hemos vuelto a empezar por el mismo sitio: Telecomunicaciones, informática, Internet. El 2000 se puso en marcha, dejando tras el goteo de conflictos fantasmas derivados de la omnipresente informática y del denominado Efecto 2000. Sin apenas tiempo para cambiar tema de conversación, recibimos el impacto de la denominada “Fusión del futuro”, con dos grandes compañías, América Online y Time Warner que hacían denotar una de las más grandes explosiones empresariales de los últimos tiempos y donde se volvía a poner de manifiesto que Internet será cada vez con mayor fuerza el instrumento fundamental para distribuir información de todo tipo.

Al mismo tiempo y aquí, la Bolsa pulverizaba a todos los registros gracias a los valores tecnológicos ligados a Internet, amadeus, Terra, TPI, Sogecable, Telefónica. Concretamente Telefónica llenaba de titulares la prensa diaria con la ampliación de capital para adquirir el 100% de sus empresas participadas en Argentina, Perú y Brasil. Sin perder tiempo la “fiebre net” contagiaba por doquier, y empresas como Cortefiel Y Tabacalera invertían sumas muy importantes en proyectos de comercio electrónico.

Entidades financieras como la Caixa y Bankinter se han lanzado a crear bancos virtuales y así captar nuevos ciberusuarios. Guerra anunciada para competir y captar clientes por Internet.

Abengoa constituye una empresa filial para invertir y actuar en telecomunicaciones e Internet y asegurarse actividad industrial.

El escaparate que proporciona la red lo han descubierto también las inmobiliarias, que ofrecen hoy sus viviendas de alquiler o en venta a través de la pantalla del ordenador. El cliente selecciona y la oferta le viene dada a su medida. Ventajas: no gastar suelo de zapato recorriéndose toda la ciudad.

Por otro lado, y sin dejar el mundo de las telecomunicaciones, un dato que nos ha llamado también la atención es que en 1999 se ha cerrado con la cifra de 14,5 millones de usuarios netos de telefonía móvil y en el año que estamos ya se prevee que superarán los 22 millones de clientes, es decir que cada dos españoles uno tendrá móvil. Terminaremos el 2000 con más teléfonos móviles que fijos. En el mundo uno de cada cuatro teléfonos es un móvil. A la vuelta de la esquina, nos espera la tercera generación de móviles, vídeo teléfonos móviles que permitirán ver una película en la pantalla o transmitir imágenes a distancia.

Este repaso de puntillas por este día a día de vorágine digital sirve para demostrar que estamos ante la convergencia de la informática, las telecomunicciones y los contenidos,, donde el móvil permitirá todo esto y en movimiento, y por último convencernos finalmente que el dinero que procede de Internet tiene una dimensión real.

¿Quién podrá resisitirse ante esta revolución digital teledirigida desde las alturas del poder económico mundial?. Naturalmente Microsoft seguirá imponiendo el lenguaje informático, la red seguirá hablando en americano y Greenspan, confirmado por Clinton para dirigir la política monetaria de Estados Unidos hasta el 2004, pondrá la guinda, controlando así cuatro años más la economía que mueve el mundo.

Nadie quiere quedarse fuera. Y corre la voz de que Internet es el nuevo Midas que convierte en oro todo lo que toca. No cabe duda de que no se trata sólo de moda y que si lo es, tenemos moda para rato.

La conclusión que se puede sacar de todo esto es que tenemos que aprender con la mayor brevedad, desde cualquier sector o profesión a saber aliarnos con la red, a entenderla como herramienta y como negocio. A ninguna empresa, por pequeña que sea, puede resultarle ajena esta realidad. Eso que se escucha, a veces, y que define a los que se desentienden, “a mi me da igual que suba la gasolina, yo le echo siempre tres mil”, no vale aquí. Nadie puede sentirse distante de esta vorágine tecnológica que desemboca en negocio. La revolución ha comenzado, las Bolsas lo atestiguan y, por ahora, premian esta apuesta. Sálvese quien pueda. Sobran circunstancias y motivos para colocar peros al optimismo que sobre la economía andaluza se está creando últimamente bajo la sombra de las inminentes elecciones. Sin caer en pesimismos, hay que reconoce que tampoco en este ámbito alcanzamos el novel europeo. Seguramente, no estará de más sacar unos minutillos de nuestras apretadas agendas de trabajo y reflexionar sobre el tema.

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