Con permiso

Vuélveme a coser la sombra

posted by @mbellido 30 noviembre 2007

Hoy, mientras caminaba por una de esas callejuelas del centro de Sevilla, la inclinación de los rayos del sol hizo que mi sombra se acercara disimuladamente a la pared. Esa silueta gris comenzó a ocupar poco a poco trozos de ventanas y de puertas y trozos de paredes encaladas. El ritmo acompasado de mis andares ponía movimiento a un cuerpo opaco, que parecía tener vida propia, que caminaba dos pasos por delante de mí, como en los dibujos animados. Por un momento me pareció verla escapar, verla correr costeando el muro de piedra de la muralla hasta desaparecer. Pensé en Peter Pan cuando perdió la suya: imaginé su sombra desprendiéndose de él y saltando por la ventana mientras ésta se atrancaba de un porrazo y él se quedaba pasmado. La historia cuenta que su sombra la echaron en un cajón y luego Wendy la rescató y se la volvió a coser. ¿Rescatarías hoy la mía? Tú, a menudo, “Wendy” de mi vida, has rescatado lo que he perdido por el camino y con paciencia lo has vuelto a coser.

Lo sé, mi sombra como alma inquieta no para y a veces corre más que yo. Anteayer le ponía a mi corazón alas y cadenas. Ayer corría en el viento del futuro buscando transformar en realidad una de mis tantas profecías. Hoy me alzo rebelde como una ola en el mar oscuro de nuestros días para no morir en la arena del hastío. Mañana me mirare en un espejo y, algo más viejo, decidiré jugarme la última carta por algún centímetro de eterno.

No quiero que mi sombra se vuelva a perder persiguiendo el sonido percusivo de ese tambor lejano que a menudo me vuelve a embelezar como un espejismo.

No quiero pensar que esta herida en el costado que tú conoces no termine nunca de cicatrizar.

No quiero que mi voz se vaya a la deriva.

Quiero que sobreviva al miedo, a la sorpresa, al sobresalto, a la aversión, a la ira, a la alegría y a la tristeza y, si bien me asalten como forajidos la ansiedad, el asombro, el disgusto, la rabia, la euforia o la pena., mi corazón pueda atravesar el velo de este cielo desconocido que es la existencia humana, en el vuelo perenne de un instante eterno: el momento presente de la vida.

He vuelto a encontrar mi sombra antes de entrar en casa, ahora lleva un viento nuevo entre sus brazos. Mientras me la vuelves a coser, te haré subir al tren de mi fantasía y en aquella estación que está dos metros mas allá del horizonte bajaremos a contemplar un hermoso ocaso.

Probablemente me susurrarás con tu sonrisa y esperanza que vale la pena y que mañana será un nuevo día, y si lo vivo con el corazón, un día nuevo.

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