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El espejismo del valor de las cosas

posted by @mbellido 9 septiembre 2015

En el programa “Agropopular” de Cesar Lumbreras que se emite los sábados por la mañana hay una sección dedicada a comparar los precios en origen de algunos productos agrícolas con el precio final en los supermercados. Siempre me ha llamado la atención esta sección por la gran diferencia que constato existe entre lo que se le paga al agricultor y lo que se le cobra al consumidor. La realidad es que cada vez que compramos un tomate, la cuantía del PVP de ese tomate se habrá repartido entre el minorista o supermercado que lo vende al público, el mayorista de marca, la plataforma de distribución, el trasportista, la comercializadora en origen y el productor o agricultor, al que evidentemente, le corresponde la menor cantidad. Como por arte de magia vamos pasando de unos precios pagados al agricultor en alhóndiga y cooperativa al precio de salida de allí, al precio mayoristas-merca para verlos transformados nuevamente en los establecimientos minoristas, en la tienda tradicional o supermercado e hipermercado.

Está claro que hay algo que no funciona en ese modelo de distribución que no concierne solo a los productos de alimentación. Los intermediarios son lo que se llevan siempre la mejor parte. El precio que pagamos por aquello que compramos, desde alimentos a cualquier otro bien de consumo viene sistemáticamente distorsionado. Es como si el mercado no consiguiera calcular con equidad el valor del trabajo, la necesidad de las personas y la necesidad de las generaciones que vendrán después de nosotros. Más de una persona me ha preguntado alguna vez como se calcula el PVP de un producto y a menudo para no entrar en elucubraciones económicas o para no soltar a bocajarro que el precio de venta es igual al costo total más el  margen de utilidad, he respondido que en general, se trata de buscar el precio más conveniente tanto para el comprador como para el vendedor y que en ese equilibrio esta la fórmula.

Sin embargo, hay una pregunta a la que yo mismo no se darme respuesta. ¿Cuándo la política, la economía y la sociedad en general reflexionará en modo nuevo y honrado sobre el valor real de las cosas más allá de la oferta y la demanda virtual que se crea en los despachos del poder, teniendo en cuenta por ejemplo, el coste real de la mano de obra y las necesidades alimentarias y básicas de la humanidad? Difícil pregunta ¿verdad?

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