Con permiso

Vacaciones y buena educación

posted by @mbellido 2 julio 2012

El verano está colándose por todas las rendijas de nuestro día a día y las ganas de vacaciones nos está contagiando a todos. Con el calor aumenta el deseo de playa y de relax. Si el trabajo y las posibilidades económicas lo permiten, siempre podremos acogernos  a una de las tantas ofertas que hoy se ofrecen por internet y organizar un viaje low cost a una de nuestras playas andaluzas, cuya belleza atrae cada año a miles de extranjeros. Naturaleza y excelente gastronomía estarán garantizadas, sin embargo, lo que no siempre se puede garantizar es la paz y el descanso, a veces condicionados por la mala educación de quien a estos lugares acude sin buenas maneras,  se comporta como si la playa fuera suya y los demás no existieran. Una de las cosas que está muy de moda es bajarse a la playa, junto con  la toalla y la  sombrilla, el dichoso móvil, sin el cual ya parece que no hay vida posible, en ningún lugar.  No hay cosa que moleste más que tener que oír, por encima del chasquido de las olas, las animadas conversaciones de los vecinos de arena, en muchos casos acompañadas de grandes carcajadas a pleno pulmón o,  lo que es peor, discusiones acaloradas sobre temas privados.  Otras de las cosas que también nos condicionan es constatar que la playa se convierte no en lugar de relax sino en tierra de conquistadores. A veces sucede que, después de haber plantado nuestra sombrilla en un espacio disponible, vemos como poco a poco otros veraneantes van invadiendo nuestro espacio vital, con toallas, bolsas, neveras y enormes sombrillas.    A esto hay que añadir las salpicaduras de agua y arena que los niños de nuestros vecinos nos propinan cada vez que van y vienen  de la orilla.  Queriendo ver el lado positivo, eso nos empuja a levantarnos y acudir a la ducha pública para quitarnos la arena mojada que esos divertidos  niños nos han dejado sobre la piel. Pero también  hay que prever que puede que nuestra anhelada ducha tenga que esperar, ya que, también entre los veraneantes, hay personas que no distinguen lo público de lo privado y estarán con toda parsimonia aseándose o aseando a sus hijos como si tuviesen el  monopolio absoluto de la ducha.  Probablemente, después de habernos refrescado rápidamente y haber aliviado el calor de las plantas de los pies sufridoras por  la larga espera sobre la arena caliente, volveremos a nuestro cada vez más reducido espacio vital, deseosos de tumbarnos sobre la toalla y leer el periódico. Tarea algo complicada porque resulta un poco difícil  concentrase, ya que  los ya conocidos hijos de nuestros vecinos se habrán puesto a gritar como energúmenos y lo padres, para calmarlos, habrán aumentado aún más el volumen de sus riñas. Finalmente habrá llegado la calma y sus padres, para mantenerlos distraídos, le habrán dado unas raquetas y una pelotita, para que jueguen un poquito. En esos momentos habremos deseado haber traído una armadura en lugar de bañador: la pelotita, como es natural, caerá siempre de nuestra parte, sobre el periódico o sobre la cabeza, pero siempre en nuestro territorio, que se va encogiendo cada vez más.

Probablemente,  llegados a este punto, recogeremos sobrilla y toalla y nos dispondremos a aviarnos hasta el chiringuito a tomar una cerveza. De playa por ese día ya hemos tenido suficiente.

¿De verdad habrá alguna  escusa para no comportarse educadamente en lugares públicos? Estaría bien hacer un descanso de la mala educación, por lo menos durante las vacaciones, cuando todos buscamos un momento de sosiego para aliviar el estrés acumulado durante todo el año.

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