Con permiso

Una fiesta para esconder la realidad

posted by @mbellido 30 septiembre 2008

Gigantescos carteles decorados con el eslogan: “Un mundo, un sueño” invaden la ciudad y esconden grúas, edificios en construcción y los escuálidos pabellones dormitorios donde viven albañiles y obreros. Flores, muchas flores, adornos y decoraciones que a veces pierden visibilidad inmersos en esa nube gris, mezcla de niebla y polución atmosférica, que todo lo invade pero que las cámaras de TV consiguen maquillar para mostrar al mundo una fotografía de ensueño. De las 20 ciudades mas contaminadas del mundo, China tiene 16.

Pekín se obstina en esconder sus pies de arcilla para que el mundo exalte su progreso económico, su cultura milenaria e ignore debilidades políticas, sociales o morales. La China que conocí en el 79 y que volví a visitar hace unos meses me mostraba todavía barrios muy pobres, llenos de tascas singulares donde se comía abundantemente por menos de dos euros, señoras limpiando verdura y vendiéndola en las puertas de las casas, ancianos poniendo parches a ruedas de bicicletas o vendedores que aparecían a decenas por doquier ofreciendo relojes, radios, perfumes y todo tipo de artilugios. Hoy no se ven, han desaparecido de la faz de las calles. Se ha suprimido todo aquello que muestre el verdadero rostro de China, como se hizo el pasado marzo suprimiendo las revueltas de los tibetanos y demostrando que el gobierno no tolera ninguna forma de autonomía cultural distinta a la oficial.

Todo esto parece demostrar que el inmenso dragón rojo es más frágil de lo que parece, precisamente por el miedo que sus dirigentes muestran ante una posible autonomía de pensamiento o de culto que pueda minar el poder existente. Aunque China se niega a mostrar determinadas estadísticas, muchas fuentes le asignan el record de ejecuciones capitales. Amnistía Internacional, en su Informe Anual sobre la Pena de Muerte, refiere que de 1.591 ejecuciones en 2006, al menos mil tuvieron lugar en China. La gente protesta en China cada vez más, pero, para protestar, se necesita un permiso de la autoridad competente y se comenta que quien va a pedirlo a veces arriesga que lo arresten.

La China de los Juegos Olímpicos no es la China real. Mientras mantenga el puesto 181 sobre las 195 naciones del ranking de Freedom House sobre la libertad de prensa, o el puesto 72 en el ranking de Trasparency Internacional sobre la percepción de corrupción, China no será el mundo de los sueños que nos ha querido mostrar con las Olimpiadas.

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