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SmartAgro, no es solo un término de moda

posted by @mbellido 1 julio 2015

El campo andaluz, nuestra agricultura, ganadería, industria agroalimentaria, nuestro mundo rural, en general, han sido desde siempre parte fundamental de nuestro tejido productivo y, por supuesto, de nuestro patrimonio cultural. Un sector, el primario, con potenciales extraordinarios que, sin embargo, como el resto de la agricultura europea y mundial, se enfrenta a tres retos ineludibles: la seguridad alimentaria, el cambio climático y la conservación del paisaje y de la biodiversidad. Como en una buena cazuela, estos retos se mezclan con otros ingredientes que no podemos descartar: la competencia internacional, los vaivenes de los mercados económicos y financieros y el precio de los insumos como los fertilizantes y el combustible.

 Andalucía es una tierra donde el protagonismo del medio rural es indiscutible; de hecho, más de la mitad de la población es actor activo del paisaje agrario. Y es que, Andalucía, cuenta con muchas hectáreas de tierras de cultivo, de prados y pastizales y de terrenos forestales donde se desarrollan muchas explotaciones significativas de usos y potencial muy diferenciado. Se trata de una agricultura donde en las últimas décadas, los cultivos tradicionales han ido retrocediendo en el interior de Andalucía en favor de cultivos intensivos y extensivos de trigo, remolacha, algodón, arroz y girasol. En determinadas zonas como el poniente almeriense también hemos visto cómo se han multiplicado los cultivos hortícolas bajo plástico, o la floricultura en la provincia de Cádiz.

Por tanto, agricultura y sector agroalimentario son pieza clave de mejora o empeoramiento del empleo ya que muchas personas trabajan en sectores de abastecimiento, en actividades derivadas como la preparación, transformación y acondicionamiento de los alimentos y, otras, participan en su almacenamiento, transporte y venta al por menor.

A este punto cabe preguntarnos: ¿Pueden tener cabida las TIC en algo tan tradicional como el campo? Desde muchos observatorios y por las experiencias que vamos conociendo, la respuesta es positiva ya que, como recalcan muchos expertos ante un escenario ‘virgen’ y extenso, el gran desarrollo de las TIC va a contribuir, sin duda, a dotar a nuestra agricultura de capacidad de respuesta frente a tan variados y complejos retos. La modernización de nuestra agricultura no es un lujo, es cada vez más una necesidad inaplazable donde han de involucrarse poderes públicos, instituciones, empresas y centros universitarios y de investigación.

La realidad que proponemos en esta edición del SmartAgro está basada en la certeza de que, en los próximos años, la investigación y la innovación serán esenciales para que los agricultores produzcan más con menos. Entre todos los agentes implicados habría que promover de una manera contundente la innovación en la agricultura, salvando esa distancia que todavía existe entre investigación tecnológica y práctica agrícola.

Con el deseo de facilitar la divulgación de estos avances, la comunicación y la cooperación entre las partes interesadas, agricultores, empresas agrícolas, startup, científicos, y administraciones públicas, hemos querido afrontar este tema de creciente interés. Smart no es solo un término de moda. SmartAgro es ya una realidad que, a través de la innovación y la tecnología vertebrará, cada vez más, la estrategia de especialización inteligente de los territorios rurales.

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