Editoriales de Agenda Empresa

Sin contradicciones

posted by @mbellido 30 marzo 2003

Un amigo empresario me contaba, hace unos días, la experiencia que estaba viviendo después de haberse recuperado de una pequeña y, sin embargo, devastadora amenaza de infarto. La primera impresión que me trasmitía era la alegría de estar todavía vivo y al mismo tiempo la sensación de que ya nada sería igual que antes. Aunque el hecho del infarto había durado minutos, la experiencia de haber tenido cercana la muerte le había supuesto visualizar la película de su entera vida y enfrentarse de repente a algunos malos recuerdos que le habían excavado un profundo malestar en su memoria. Este flashback de su existencia estaba condimentado con mucho de positivo pero también salpicado de traiciones, trivialidades, compromisos y errores. Una y otra vez se había preguntado si algo de todo eso podía repararse, y mientras se adentraba en un tormentoso examen de conciencia, se planteaba cómo ganar el tiempo perdido. Todos esos sentimientos le habían empujado a hablar de una manera más sosegada con su familia, con sus amigos, con gente de su empresa. Estaba sorprendido de lo que estaba descubriendo en la gente y, en general, en sus colaboradores. Él, que siempre había hablado de excelencia empresarial, hoy descubría que la excelencia de las empresas es la excelencia de sus empleados y que en los suyos había mucha. Me comentaba algo poco llamativo y sutil, que no dejaba de ser para él un gran descubrimiento: antes, me decía, yo me esforzaba sólo en que el personal hiciera siempre lo que yo quería, hoy he comenzado a entender que lo más importante es que ellos lo entiendan y quieran hacerlo. Mi amigo, quizá sin saberlo, estaba hablando de las claves del trabajo en equipo, de la motivación y de sus consecuencias prácticas en la acción empresarial.

La conversación con este amigo que me llegaba al final de una mañana en la que había estado escuchando experiencias donde los hechos discurrían en términos de recesión, vicisitudes, degradación, despidos o estrés, me aportaba una luz que, aunque pequeña, iluminaba una nueva actitud de humildad, tolerancia y optimismo que probablemente va a cambiar e impulsar positivamente la vida de su empresa. Quería hacer noticia de este hecho porque es algo positivo y pacifico que contrasta con los tiempos que corren.

Vivimos enganchados en una cadena ininterrumpida de tensiones desde el famoso 11 de septiembre que, con la destrucción de las torres gemelas, hizo sobrevolar sobre nuestras cabezas la advertencia de que el peligro incumbe a todo Occidente, sensibilizados, además, como estábamos por el terrorismo de ETA y los crímenes de esa banda de canallas. La lista de sobresaltos no ha cesado de crecer: Afganistán, conflicto en Oriente Medio, vaivenes en la Bolsa, crisis económica en Argentina, focos de tensión en América del Sur, mucha hambre y violencia en África y tambores de guerra en Irak, y si este último conflicto desemboca en una acción bélica conllevaría unas perdidas mundiales de 173.000 millones de dólares sólo en 2003.

¿Adónde va el barco y quién lleva el timón? Probablemente tampoco entenderemos nunca toda la verdad que se esconde detrás de las partes ¿Es sólo brutal belicismo el de unos? ¿Es sólo cándido pacifismo el de otros? ¿En la intención de todos los participantes en las últimas manifestaciones a las que hemos asistidos había sólo angelicales posturas en favor de la paz o para algunos era “a río revuelto ganancia de votos”? Desde luego algunos rostros desencajados y el contenido de algunas consignas gritadas con tanta ira por un grupo que iba junto a mí hablaban de todo menos de paz. Ojalá empecemos por pedir la paz (¡Agenda de la Empresa Andaluza la pide!) con todas nuestras fuerzas en Irak y en todos aquellos focos de guerra que existen en el mundo y sigamos construyéndola de verdad, de forma personal, cada uno en nuestro entorno.

No vaya a ser que nos contradigamos.

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