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Semáforo rojo

posted by @mbellido 10 abril 2011

Hago un movimiento mecánico con el brazo y miro el reloj sin mirar la hora. Estoy esperando que el semáforo se ponga verde para atravesar la calle. En la acera de enfrente esperan una monja, un anciano, dos chicas con libros entre sus brazos y un pensamiento que probablemente se acaba de escapar de mi mente y se ha vuelto espejismo. Vuelvo a mirar el reloj. ¿Quizás si llego a tiempo antes de que cierren el supermercado? Quiero comprar fruta: aguacates, mangos y papayas. Las colocaré en el cesto de mimbre y será como pintar un cuadro. Hay un póster que me invita a desear un coche nuevo y esa chica que me incita sentada en su carrocería me parece una cara conocida. La tarde se despide y se encienden las farolas. Los letreros luminosos parecen los “stroboscopic light” de una discoteca. Con el buen tiempo se han llenado las terrazas de los bares y el volumen de las voces y de las risas se me antoja ya el de los chiringuitos de la playa en verano. Un trocito de luna se asoma al cielo, sutil y brillante parece una sonrisa. Por un momento pienso que es el cielo el que me sonríe y yo también sonrío. Hace calor y mientras intento fijarme en el termómetro del luminoso de la farmacia, ha cambiado sus números por los de la hora. Creo que eran treinta y tantos grados. Sí, hoy la primavera se ha vuelto traviesa y todo el día se ha disfrazado de verano. El pensamiento vuelve intacto a esa pliega de mi alma de donde nunca sale, después de haberlo visto caminar con su gracioso balanceo y pararse, allí enfrente, en la otra acera, fulminarme con un guiño, regalarme una sonrisa, saludarme con la mano y con el ámbar del semáforo correr hacia mi.
Ya está verde atravieso rezagado, otras espaldas me adelantan. ¡Inquieto y revoltoso pensamiento! Estaba pensando en ti.

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