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Rostros llenos de vida

posted by @mbellido 15 junio 2010

A veces, caminando por la calle, descubro rostros que emergen de los portales, de los pasos de peatones, de los jardines o de zonas neutrales que después no recuerdo. Rostros que aparecen y desaparecen detrás de una ventanilla, tras lo cristales de una cafetería, en la salita de espera de un dentista o en la sala de embarque de un aeropuerto. Son rostros que llaman mi atención y con los que a veces quisiera compartir el peso o el secreto, el fardo doloroso, la emoción o el destino hostil que se refleja en su gestualidad. Los rostros en sí no son nada, ni más hermosos ni menos agraciados, son la expresión de lo que les empuja dentro. Los rostros no existen si no contienen emociones que adjetivan miedos, sombras, sospechas, inquietudes, pasiones, alegrías y amores. No son solo parte de una identidad biológica, son el espejo del alma.
A veces, caminando por la calle, hueles, escuchas, tocas, pero sobre todo ves. Sin ni siquiera tener la intención de mirar, nos asaltan reflejos de esos rostros que con sus gramáticas de comunicación nos develan los logros de los caminos que recorren. En una sociedad cada vez más compleja y fragmentada, hecha de trabajo o escuela, de tiempo libre, de relaciones humanas y sociales, de pasiones televisivas y de vida afectiva, se imprimen sobre el rostro de las personas las motivaciones y las causas que las empujan a actuar o realizar algo. Todo se dibuja en forma de muecas, sonrisas o contracciónes para expresar alegría, tristeza, burla, aprobación o rechazo. A mí llega algo que está más allá de lo que describen sus gestos, me llega algo intrínseco al ser humano, me llega la vida que capto casi inconscientemente, no como resultado de un razonamiento, sino como si me sumergiera en ella.
Los rostros me representan el misterio de nuestro vivir en el mundo, de nuestro ser y el de millones de seres en el tiempo. Un tiempo que a veces parece escaparse rápidamente y que me empuja a entender cada vez más que el momento presente es la única posibilidad de vivir la verdadera existencia, que es atemporal. Ahí me sumerjo plenamente en la Vida.

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