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Reviviendo al hombre invisible

posted by @mbellido 4 agosto 2012

En esta tarde calurosa de agosto escucho un disco de Nat King Col y leo algunas páginas de The invisible man. Este libro de Ralph Ellison (Oklahoma City 1914 – Nueva York 1994) es una excepción  en el ámbito de la literatura de autor y genero “negro”. Esta novela se desarrolla constantemente en un ámbito o escenario simbólico.  La denuncia sobre las vejaciones y las injusticias  que sufrían en un tiempo la gente de color se traduce en la historia de un chico, que es expulsado de una  universidad del sur de los Estados Unidos. Llega a Nueva York buscando fortuna  y allí es maltratado por todas la gente con la que entra en contacto y, además, obligado a pagar por culpas que han cometido otros. En esta situación toma conciencia de su invisibilidad, que se hace patente en la incomprensión y en la incomunicabilidad en la que vive.   Su vida en un pequeño refugio subterráneo, iluminado por un gran número de lamparillas  y envuelto  de la pulsante música jazz le permiten reflexionar sobre su condición y situación. Este le lleva a crearse una conciencia individual  que le podría permitir de afrontar de nuevo la vida. La óptica del autor y probablemente su intención no es solo la de afrontar un problema racial. Es como si creara una especie de campo magnético alrededor del protagonista  para suscitar en los lectores  críticas,   intolerancias o remordimientos  sobre esas leyes perversas que codifican la vida social de ayer y de hoy. Ese hombre invisible en su aislamiento procurado o asumido, representa también al artista, músico o escritor  que intenta definir y desbloquear su propia función en la humanidad. Quizás fue esa la experiencia que también vivió Nat King Cole, un gran artista, pianista y cantante que, no obstante fuese segregado  por su origen afro americano, luchó por los derechos de su raza. Ralph Ellison fue trompetita antes que escritor, músico antes que literato,  por eso el sentido de la forma artística  era sustancialmente musical. Así es su libro, una narración conducida por ese ritmo típico del jazz y del blues,  que transmite energía y arrastra a “caminar”.  En esta calurosa tarde de agosto, revivo al hombre invisible, tratando de descubrir en esta atmosfera que procura la música de Nat King Col, la probable huella que como ser humano tendré que dejar en este viaje terrenal.

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