Editoriales de Agenda Empresa

Prohibido contaminar

posted by @mbellido 30 mayo 1999

Leí no hace mucho tiempo en un periódico de EE.UU, que los americanos en sus oficinas tiran cada año una cantidad tan grande de papel que se podría construir un muro de 3 metros y medio de altura que llegase desde Los Ángeles a Nueva York Los españoles en nuestras oficinas no nos quedamos atrás. Según los expertos, aquí, un empleado medio tira al año cerca de 90 kilos de papel con posibilidad de ser reciclado.

Estoy convencido de que es imposible convertirse de la noche a la mañana en un perfecto ecologista, pero sí es urgente que nos vayamos concienciando de la cantidad de recursos necesarios para la tierra que estamos desaprovechando y malgastando en nuestros puestos de trabajo. Baste pensar que cada tonelada de papel de oficina reciclado ahorra casi 1,500 litros de petróleo. En nuestra redacción alguien ha preparado una lista con todo aquello que podemos reciclar. Son muchos los materiales: papel de periódico, cristal, aluminio, latas, botellas de plástico, cajas de cartón, pilas y muchos más. Reciclando y utilizando aluminio de las latas, por ejemplo, se reduce un 74% del consumo de energía, un 85% de la contaminación atmosférica, un 95% de residuos sólidos y un 76% de residuos híbridos.

Ninguno de nosotros, por sí solos, puede tapar el agujero de ozono sobre la Antártida, pero sí podemos ayudar entre todos a prevenir su expansión. Todos podemos comenzar a compartir cierto interés, ya sea personal o profesional por los efectos que los nuevos retos medioambientales imponen al mundo de la empresa, asumiendo nuestra parte de responsabilidad. Un año después de la catástrofe de Aznalcóllar, cuando 4.000 Has. Del entorno de Doñana contengan altas dosis de arsénico. Ya el vertido tóxico ha envenenado a cerca de 20.000 aves acuáticas y para más desgracia, ha sido el año más seco de la década. Doñana sangra y no hace falta leerse los cuarenta y un tomos del sumario sobre el accidente para hacernos reflexionar.

Pero existe “otro medioambiente” que tampoco podemos olvidar. Y tenía razón Gloria Fuertes diciendo que “la mejor defensa de la naturaleza es defender al hombre”. A menudo pasamos por alto lo peligrosas que son las agresiones y contaminaciones a ese “otro medioambiente” que es nuestro entorno social.

Al hilo de una llamada telefónica de hace días, constaté la gravedad de ese otro tipo de contaminación. Por otra parte, acababa de leer, (aunque ya sé que no está de moda), un libro contextos escogidos de la Obra de Marx, y me sorprendió encontrar en los Manuscritos de 1844, su denuncia a la alienación capitalista, que produce lo que él llamaba “el fetichismo de la mercancía”, “porque el hombre producto de la sociedad capitalista, pone su esencia fuera de sí mismo, en la importancia del consumismo y haciendo así, olvida la realidad profunda de su ser personal y social”.

No espere el lector que entre aquí a narrar detalladamente el análisis de esta observación de Marx. Lo cito porque ésta lectura coincidía el mismo día, con la llamada telefónica de ese profesional amigo y que en diez minutos de conversación logró, en nombre de no sé que cultura empresarial, maltratar, desbaratar, destrozar, fracturar, descuartizar, la imagen de una empresa competencia de la suya en el sector donde trabaja. Los argumentos, totalmente subjetivos, parecían proceder de esa fuente de la que hacemos uso en infinidad de ocasiones los mortales y que no es otra que la “pelusa”.

Y es que a veces, escuchando juicios sobre competidores, da la sensación de que valores humanos ontológicos, reales, objetivos, permanentes e inmutables, desaparecen. El mal gusto en el desprestigio ya no da miedo y la trivialidad casi es de rigor en muchos casos. ¿Qué queda de algunas normas morales objetivas, si se exceptúa un vago sentimiento de que la injusticia es mala?.

A veces, podemos patinar en la decisión de erguirnos en jueces y decretamos con poca medida quién hace bien y quién hace mal, quién es el mejor y quién es el peor. Mi amigo quería decidir que su empresa competidora no era la mejor porque la mejor era la suya y lo hacía desprestigiando. Quizá no entendía que haciendo así contaminaba.

A dos pasos del 2000, aunque vamos conociendo cada vez mejor los problemas medioambientales, la situación de nuestro planeta, en su conjunto, sigue deteriorándose. Cuidar nuestro hábitat, medioambiental o social, es cosa de todos. Si somos la raíz del problema, somos también el origen de la solución.

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