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Probablemente lo escribió una mujer

posted by @mbellido 8 marzo 2013

Siempre me ha llamado la atención la delicadeza y la sensibilidad que fluye de los textos de El Cantar de los Cantares. Un libro bíblico escrito en el año 400 a.C. que aparentemente nada tiene de religioso. El libro, articulado en  un prólogo, cinco poemas y dos apéndices es una colección de  poemas de amor donde hombre y mujer cuentan a través de un lenguaje sensual sus sentimientos. “¡Que me bese con los besos de su boca! / Tus amores son mejores que el vino; / tus perfumes son exquisitos para oler; / tu nombre es como una loción derramada; / por eso te aman las mujeres” Así inicia su relato la joven del poema dando a entender un  deseo apasionado  de ser besada; pero solo por él y por ningún otro hombre.

Más adelante El Cantar de los Cantares parece proponer un modelo de amor finísimo, apasionado y sensible: “¡Levántate, amada mía, / y ven, hermosa mía! / Porque ya pasó el invierno, / cesaron y se fueron las lluvias. / Aparecieron las flores sobre la tierra, / llegó el tiempo de las canciones, / y se oye en nuestra tierra / el arrullo de la tórtola. /La higuera dio sus primeros frutos / y las viñas en flor exhalan su perfume. / ¡Levántate, amada mía, / y ven, hermosa mía!”” (Cant 2, 10-13). Un amor que habla de lealtad y fidelidad. Expresiones bellísimas como “Jardín clausurado”, “fuente sellada” “huerto cerrado” que se atribuyen a ella, expresan entrega y donación, difícil de encontrar hoy, en una sociedad donde la infidelidad y el relativismo en cuestiones de pareja, está a la orden del día. Un modelo de amor que nada tiene que ver con lo pasajero y lo promiscuo

Siempre hemos sabido que el autor del libro fue Salomón, eso al menos reflejaban la tradición judía y cristiana. Sin embargo hoy alguien me apuntaba que muchos estudiosos  sostienen ahora que el libro muy probablemente fue escrito por una mujer. El hecho no tendría nada de extraño, en cada verso domina una exquisita sensibilidad femenina. Anhelos, temores, miradas y  consideraciones  que sabe  sentir y expresar de manera profunda y verdadera  el alma de una mujer. Nunca me canso de leer este antídoto a la banalidad de los amoríos descartables de nuestra cultura.

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