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Pensando en lo efímero

posted by @mbellido 16 mayo 2011

La vida está llena de momentos y de circunstancias pasajeras o que duran poco. También hay cosas materiales que no duran. La amapola, por ejemplo, es una flor efímera. El sonido de un pájaro también lo es. Un olor, un ocaso, el humo de una chimenea, un suspiro, una emoción, la nota de una melodía, una sorpresa, un susto… Sin embargo, el arte es capaz de cristalizar lo que en la vida real es efímero y perpetuarlo, hacerlo casi eterno. La poesía, la pintura, la escultura, la música y en general todo el arte, con su ímpetu revelador de sentimientos e impresiones, pone en marcha en cada obra un juego irrespetuoso con el tiempo capaz de paralizar y perpetuar lo que en realidad tenía un corto instante de vida. Solo el arte cumple a veces ese milagro. La sensación que siempre he tenido mirando el “David” de Miguel Ángel Buonarroti ha sido esa. El artista plasma un momento efímero y lo perpetua. Es el momento previo a enfrentarse con Goliath. Dramatismo, reposo tenso, concentración, tensión, quizás ira, fortaleza, heroicidad, incertidumbre, energía contenida, valentía… ¡Cuantas emociones efímeras y que han quedado plasmada para siempre en ese bloque de mármol al que otros escultores no supieron dar vida!.
Contrasta esta obra, como todas las verdaderas obras de arte, con este tiempo político efímero que nos ha tocado vivir, con un presidente de gobierno efímero, con un partido que gobierna, que arriesga lo efímero ante un debacle electoral sin precedentes, ante las barbaries contemporáneas, ante la búsqueda de un placer inmediato y ante la invención de un cotidiano impregnado de egoísmo. Se entiende que muchos huyan hoy de la política, que muchos ciudadanos no quieran acudir a las urnas, que muchos militantes de partidos estén ya celebrando la derrota de su propio partido para producir una catarsis que regenere la vida interna de las formaciones políticas y la regeneración de las instituciones. Es hora que transformemos la sociedad en algo más que un sin vivir sin rumbo donde los picaros dominan. El “David” de la sociedad civil tendrá que enfrentarse antes o después al “Goliat” de esa política que se sienta sobre el efímero poder que da la espalda al pueblo y solo se acuerda que existe cuando llegan las elecciones.

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