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Pasión por el bien común

posted by @mbellido 1 septiembre 2017

Que levante la mano quien no haya probado un gran placer al leer un texto de Tucídides o de algunos de los clásicos griegos; que levante la mano quien no se haya sentido identificado con uno de esos mensajes venidos de la antigua Grecia. Este verano he tenido ocasión de probar ese gran placer releyendo un texto de Tucídides donde reconstruye un discurso pronunciado por Pericles ante los atenienses en el 461 a. C. Pericles, que vivió entre el 495 y 429 a. C, fue uno de los grandes políticos y oradores atenienses, en la edad de oro de esa ciudad. Pericles tuvo tanta influencia en la sociedad ateniense, que Tucídides, lo denominó como “el primer ciudadano de Atenas”.

El texto al que me refiero es, en realidad, una idealización del concepto de democracia, quizás ajena a la aplicación real de la política concreta y, sobre todo, lejana al concepto que muchos políticos de hoy tienen de ella. En su discurso, Pericles invita a la moralización de la política misma y, por eso, me resulta tremendamente actual.

Aquí nuestro gobierno favorece a muchos en lugar de a pocos: y por esto viene llamado democracia.

Aquí en Atenas nosotros hacemos así.

 Las leyes aquí aseguran una justicia igual para todos en las disputas privadas, pero nosotros no ignoramos nunca los méritos de la excelencia.

 Cuando un ciudadano se distingue, entonces éste será llamado a servir al Estado, no como un acto de privilegio, sino como una recompensa al mérito, y la pobreza no constituye un impedimento.

 Aquí en Atenas, nosotros hacemos así.

 La libertad de la cual gozamos se extiende también en la vida cotidiana; nosotros no sospechamos los unos de los otros y no molestamos nunca a nuestro prójimo, si a nuestro prójimo le gusta vivir a su modo.

 Nosotros somos libres, libres de vivir propio como nos gusta y todavía estamos siempre listos a enfrentar cualquier peligro.

 Un ciudadano ateniense no descuida los asuntos públicos cuando atiende sus intereses privados, pero, sobre todo, no se ocupa de los asuntos públicos para resolver sus asuntos privados.

 Aquí en Atenas, nosotros hacemos así.

 Nos han enseñado a respetar a los magistrados, y nos han enseñado a respetar las leyes y a no olvidarnos nunca que debemos proteger a todos aquellos que reciben ofensas.

 Y nos han enseñado también a respetar aquellas leyes no escritas que residen en el universal sentido de eso que es justo y eso que es sentido común.

 Aquí en Atenas, nosotros hacemos así.

 Un hombre que no se interesa al Estado, nosotros no lo consideramos inofensivo, sino inútil; y aunque pocos seamos capaces de dar vida a una política, todos aquí en Atenas somos capaces de juzgarla.

 Nosotros no consideramos la discusión como un obstáculo sobre la vía de la democracia.

 Nosotros creemos que la felicidad sea fruto de la libertad, pero la libertad sea solo el fruto del valor […] y es por esto que nuestra ciudad está abierta al mundo y nosotros no expulsamos jamás a un extranjero.

Aquí en Atenas, nosotros hacemos así

Mientras corrijo las páginas de este Directorio de la Administración Pública Andaluza antes de entregarlo a la rotativa y repaso los organigramas del poder político en Andalucía, me pregunto si estamos todavía a tiempo de rehacer la política y de inculcar con el ejemplo a las nuevas generaciones el valor del servicio público, ese que protege la libertad individual, que trabaja por una sociedad abierta, que impulsa el progreso y la innovación, que crea desarrollo y prosperidad, que permite desarrollar al ciudadano proyectos personales y que articula un método de gobierno basado en el servicio y en la ley.

La cobarde matanza en Cataluña perpetrada por asesinos sin escrúpulos tendría que hacernos reflexionar también sobre la verdadera esencia de la democracia y sobre los valores que identifican a esta sociedad occidental que ahonda sus valores en discursos como el de Pericles.

Manuel Bellido

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