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Palabras para decirlo

posted by @mbellido 19 junio 2012

Ciertas lecturas y sus respectivos autores son una dicha para la memoria, que cuando menos se lo espera, saca a la superficie fragmentos para revivir con intensidad determinados pasajes que vuelven a impregnar nuestro espíritu de ráfagas de belleza. La memoria literaria al contrario de la musical es inevitablemente selectiva, es injusta, diría yo, porque su estrategia de indiferencia acarrea discriminaciones y marginaciones. Me ha pasado recientemente con algún  pasaje de La tía Julia y el escribidor y seguidamente algo lo ha conectado con alguna experiencia vivida. Tambien me ha pasado con La insoportable levedad del ser de Milan Kundera.

Muchas veces estos renglones que plasmo en este diario están movidos por vivencias suscitadas por lecturas.  Si leer es un goce para quien detiene el tiempo sumergiéndose en una obra literaria, escribir es un goce para la memoria del autor, que revive momentos de vida e intenta compartirlos escogiendo para ello las mejores y más adecuadas palabras.

Me siento limitado a veces por ser persona de síntesis y acabo en la encrucijada de no saber cómo dar  forma breve a los torrentes vitales que de vez en cuando me asaltan.

Hoy me he acercado por un momento a la atormentada oscuridad de Dostoievski en uno de los pasajes más intenso  de El idiota. Creo que al fondo de esas noches ininterrumpidas, que todos atravesamos en ciertos momentos de la vida y que nos hacen comportarnos como sonámbulos que intentan capturar la luz de un horizonte soleado, siempre hay una huella de Dios que nos devuelve la esperanza.

No sé si he acertado, escogiendo las  palabras exactas para decirlo.

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