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Un otoño anticipado

posted by @mbellido 28 agosto 2012

Faltan aún muchos días para que ocres, amarillos y naranjas incendiados alfombren el suelo y engalanen las copas de los arboles de la ribera del Guadalquivir. Faltan aún muchos días para que la luz templada del otoño regale a la mirada siluetas de follaje dibujadas por las sombras sobre las aguas del río. Hace calor y el verano no renuncia a su reinado estacional con su luz cegadora  En ausencia de ese frescor anhelado, asomado a este ventanal que vigila a esas aguas que nunca son las mismas, dejo que la  imaginación construya lugares físicos y mentales colmos de sombra y recuerde recorridos y territorios del pasado.  Una vieja foto, encontrada entre las páginas de un libro hace unos minutos,  me ha catapultado, ayudado por la memoria, hasta Monte Royal, un lugar maravilloso que forma parte de un inmenso parque urbano en Montreal. Fue durante 1982. La máquina fotográfica de un amigo, plasmó ese momento. Estoy sentado cerca de un inmenso arce plateado; sus hojas son palmadas y la corteza de su tronco es gris y pilosa. A mi alrededor otros cuerpos reposan sobre el césped o transcurren por senderillos en sereno vagabundeo. En una confluencia entre lo público y lo privado cada uno revierte en su alma el anonimato que disfruta en tan amplio universo. La foto muestra al mismo  Manuel de ahora, pero con muchos menos años, revelando su juventud en los cabellos  largos y en el modo de vestir. Sobre las piernas una guitarra al revés me sirve de escritorio. En esa  libreta que siempre llevaba conmigo  estaba anotando sensaciones o escribiendo una nueva canción. He buscado en esa libreta  las anotaciones de aquel día: “Este otoño canadiense es un lugar de melancolía, alegoría de una casa hecha de naturaleza, hecha de bosque, meta o salida de una trayectoria donde el deseo se condensa en incógnita para descifrar hacia donde voy. A  través de planos borrosos descubro el rostro de la mujer que amo. ¡Qué lejos está Europa! Lo perfecto de su rostro se cruza con el deterioro de mi nostalgia. Escribir infinidad de veces su nombre en este diario produce una extraña belleza”. Esta foto y este trozo de diario son instantáneas, algo corroídas por el pasar de los años, que me transportan a un lugar no habitable, donde no trajinan pájaros ni caen hojas, donde el tornasol del otoño ya no arde, donde la ausencia mencionada ya es presencia.  Es un lugar donde siempre puede anidar un sueño y una esperanza, un lugar para extender los brazos al cielo, un lugar donde el amor incendia de rojos más que el otoño. Sé que todos conocéis ese lugar, todos los llevamos dentro.

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