Editoriales de Agenda Empresa

Nosotros, después de nosotros

posted by @mbellido 2 noviembre 2015

Un colega italiano de profesión me contaba en estos días que una empresa de Milán está trabajando en un plan de desarrollo hasta el 2068. Le pregunté si era una multinacional y me respondió que no, que se trata de una pyme. Me explicó en síntesis el plan y en mí creció aún más la admiración por esos empresarios con indiscutible visión de futuro y con el objetivo tan claro de asegurar la vida de la empresa, la continuidad del negocio y de los puestos de trabajo para cuando ellos ya no estén. Los tiempos cambian y con ellos estamos obligados a cambiar también nosotros. Como siempre, cuando se verifican cambios, se abren nuevas oportunidades y lo importante es saberlas acoger proyectándolas al presente y al futuro.

Lo venimos repitiendo en estas páginas desde hace muchos meses: los avances tecnológicos y científicos que se están produciendo cambian y seguirán cambiando a ritmo vertiginoso la vida de las personas y de las empresas.

Muchos son los sectores que serán arrasados y transformados por la “innovación disruptiva”, desde la medicina a la robótica, desde la inteligencia artificial a los nanomateriales. Todo lo que se ha visto hasta ahora es poco respeto a la revolución que se percibe ya.

Ante esta realidad imparable hay que reaccionar, replantear el modelo y los objetivos de nuestras empresas, repensar el modo de trabajar: procesos, organización, cultura empresarial, capital humano… Es fundamental reflexionar y preguntarnos cómo podemos ser competitivos en este “nuevo mundo” donde no existen, en términos económicos y empresariales, reglas que duren o asuntos estables irrenunciables, y donde la volatilidad constante de los mercados hace que las decisiones se tengan que tomar con suma celeridad y buena capacidad de previsión. La indispensable adaptación de nuestras empresas a la nueva realidad nos impulsa a adaptarnos cada día a algo nuevo, a correr y a hacerlo en un “modo nuevo”.

Probablemente, al menos así lo veo, habrá que simplificar productos y procesos optimizando costes e inversiones, siendo vital usar en modo inteligente las nuevas tecnologías en su aplicación a productos, procesos o servicios. Y, además, sin podernos permitir incertezas o lentitudes irrazonables. Recuerdo lo dicho en otras ocasiones: el pez grande ya no se come al pequeño, sino que es el rápido el que se come al lento. Hablo de esa agilidad que permite cambiar en breve tiempo, adaptando los propios procesos al feedback que se recibe de clientes, proveedores… y de las tendencias que emergen del mercado.

Este modo nuevo de correr se caracteriza por no hacerlo ‘con la cabeza gacha’, cabizbajos y con la mirada en el suelo. La mirada tiene que estar apuntando al horizonte.

Entiendo que se trata de un ejercicio constante de pasado, presente y futuro que da cuerpo a nuestras decisiones y confiere significado a lo que dejaremos en herencia a los que vendrán después de nosotros, mientras nos fortalecemos en la responsabilidad del presente.

Andalucía avanza, pero lo hace lentamente. En muchos casos, la Administración Pública y los poderes políticos son los últimos en enterarse de esos cambios y facilitar desde sus funciones la puesta en marcha. A menudo, vemos como muchos planes con fondos europeos destinados a la investigación y la innovación se paralizan por culpa de la inacción de la Administración. Es vital que el poder político ayude creando las condiciones y promoviendo un humus que ofrezca a quien quiera la posibilidad de ponerse manos a la obra y competir. Nuestro reportaje sobre autónomos pone de relieve que hay (numerosos andaluces dispuestos a arriesgar y a moverse sintonizando sus proyectos con la innovación y las nuevas tecnologías.

Somos dueños de nuestro destino y deberíamos seguir siéndolo: no hay que dejar de moverse. Como decía Bob Dylan, si no estás ocupado en nacer quiere decir que estás ocupado en morir.

Manuel Bellido

bellido@agendaempresa.com / www.manuelbellido.com / www.hojasdelibros.com / @mbellido

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