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No cogeré las flores

posted by @mbellido 9 marzo 2012

Es imposible leer a Juan de la Cruz sin meditar, reflexionar o alimentarse al menos un poco de su sabiduría. Un poema que nunca me he cansado de leer es el “Cántico”. Aprendí de memoria, cuando era estudiante, muchos de sus versos. Hoy he vuelto a leer unos que me llaman la atención en manera particular: “…iré por esos montes y riberas; /no cogeré las flores, /ni temeré a las fieras, / y pasaré los fuertes y fronteras”. Siempre me ha atraído esa seguridad con la que el gran poeta refería su modo de vida. Ese “no cogeré las flores” me habla de desapego, de libertad frente a la raíz del deseo, frente a la avidez del querer poseerlo todo. Una de las tentaciones del hombre es explorar una tras otras, miles de sensaciones, sin saciarse nunca, surcar mares sentimentales sin descanso, tomar a todas las musas de la mano, emborracharse de todas las bellezas, probar todos los manjares que se perciben por los sentidos. La vida para algunos, es a veces, un frenesí, una constante exaltación violenta de pasiones que al final termina por no saciar sino aumentar la sed. Las drogas le producen accesos de frenesí. Ir arrancando flores por el camino de nuestra vida para después verlas marchitar entre nuestras manos es la más infeliz de actitudes. También es posible contemplar, gozar, llenarse, vivir lo que la vida nos enseña, sin arrebatos, desenfrenos y delirios de poseer. Las posibilidades son inmensas. Llegar a ese estado no es fácil, es aparentemente renunciar para después recuperarlo de otra manera. Es perder para ganar. Por eso es importante conocerse a si mismo y atravesar el desierto de las propias limitaciones aunque no sea tarea fácil. Se trata de convertirse en escultor de uno mismo y trabajar la piedra de nuestro carácter. Con el cincel de nuestra voluntad ir cortando, ranurando y desbastando ese material inservible de nuestra personalidad. Apartar las apariencias, desbaratar las fachadas de conveniencia, destrozar las buenas intenciones y edificar hechos. Deshacerse de casualidades y caprichos aceptando el día a día, sus sueños, sufrimientos y alegrías sin mentirnos a nosotros mismos y llamando a las cosas por su nombre. Honestidad, integridad, rectitud, sinceridad, decencia, lealtad, moralidad, conciencia, honorabilidad, dignidad, no son solo virtudes, son también puertas que nos abren a otros horizontes, nos ofrecen otros sabores y otras emociones, de las que perduran para siempre

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