Con permiso

Más comprensión

posted by @mbellido 1 febrero 2009

Ayer leía los resultados de una encuesta reciente cuyas conclusiones me resultaron muy interesantes y provechosas para la reflexión. Resulta que la mayoría de las mujeres consultadas opinaba que hacer de ama de casa no realiza y sólo el 24,4% afirmaba que se sentía realizada haciendo ese papel. Por otra parte, según la misma encuesta, casi la mitad de las entrevistadas consideraba que dedicarse a la familia y a la casa, sin necesidad de trabajar fuera para garantizarse un sueldo, constituía una fortuna enorme en los tiempos que corren.

Para una minoría (24,7%) hacer de ama de casa da libertad y autonomía a la mujer, mientras que el 70,7% opinaba lo contrario. Sin embargo, la muestra dividía casi ecuánimemente el resultado de otra opinión: el 46,6% de esas mujeres estaban convencidas de que hacer de ama de casa permitía tener más tiempo libre a disposición y el 49% opinaba lo contrario.

Con respeto al papel de la mujer en la sociedad, el 53% estaban convencidas de que hacer de ama de casa no lo limita ni coarta.

Por último, se preguntaba si dependía del ama de casa el buen funcionamiento de la economía familiar. El 78,6% estaba de acuerdo, como también estaban de acuerdo un 66,3% de esas mujeres de que la buena marcha de la familia depende sobre todo del ama de casa.

Reflexiono sobre los datos de la encuesta, pero en realidad quien más me hace pensar es Vanessa, una lectora que nos escribe para sugerirnos un tema en el que profundizar: la conciliación entre trabajo y vida familiar. Vanessa se pregunta: “¿Es posible que las mujeres tengamos que seguir ocupándonos de todo: trabajo, hijos, marido, casa? Cuando escucho a una mujer decir que hay “colaboración” por parte del marido, mi impresión es que lo mismo es la mujer la que tiene que coordinarlo todo y llevar el peso de la responsabilidad de la vida familiar, incluso cuando trabaja ocho horas fuera de casa”.

Con este cuadro es inevitable que la mujer pruebe en muchos momentos de su existencia un cierto sentido de insatisfacción, de sofoco o de peso insoportable.

Hoy la mujer tiene conciencia de que hay posibilidad de vivir una vida con más plenitud; superando obstáculos y, a menudo, las consecuencias de una educación restrictiva que pueda haberla marcado, consigue tomar las riendas de su vida y sentirse realizadas. El problema que subsiste en la sociedad es que muchos hombres, también debido a la educación que han recibido de sus propias madres o de una sociedad egoísta, no quieren confrontarse con esta nueva mujer por miedo a ponerse en discusión y se refugian en un machismo artificial que no ayuda a avanzar. En la comprensión recíproca y en el cariño dentro de la pareja, en el respeto y en el reparto de tareas de manera equitativa, dejando a cada uno un mínimo de espacio vital, se puede encontrar el camino. Visto así no es tan difícil

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