Editoriales de Agenda Empresa

Lo que nos queda por ver

posted by @mbellido 4 mayo 2011

Viajando por Europa, leyendo la prensa extranjera y hablando con expertos macro económicos se constata que los mercados siguen sin fiarse totalmente de España. Esa es la realidad, aunque en ciertos momentos parece que debemos mantener la esperanza, como en los días pasados cuando los mercados aplaudían la subasta de deuda española al adjudicar el Tesoro Público 3.537,68 millones de euros en obligaciones a diez y trece años, subiendo el interés marginal hasta el 5,483%, el más elevado desde enero.

Muchos analistas confirman que el panorama actual sería muy distinto si el Gobierno hubiera emprendido, desde hace tiempo y de forma decidida, un plan de contención fiscal que le hubiese permitido devolver el equilibrio a las cuentas públicas y si hubiera hecho, sin titubeos, las reformas estructurales necesarias para facilitar el ajuste inevitable en nuestra maltrecha economía. La política titubante del actual Gobierno sigue frenando el desarrollo económico de España y eso se nota en el pesimismo de los españoles y por el desencanto y la falta de confianza de los empresarios.

Así, esta mala política condena el estatus de nuestro país al vagón de cola de la Unión Europea. Dos son las causas, además de lo recordado anteriormente, y ambas sencillas de comprender: primero Zapatero llegó tarde a admitir que una crisis de dimensiones extraordinarias estaba poniendo en peligro seriamente nuestro patrimonio y, posteriormente, su torpeza de echarle la culpa a todo el mundo sin ponerse a tomar medidas contundentes y a tiempo. España, por obra y gracia de nuestros dirigentes políticos, ha vuelto a ser más que nunca ‘different’. La crisis ha pasado una factura enorme a nuestro país y en particular a Andalucía que sigue bloqueada y sin esperanza de resolver los problemas estructurales que arrastra desde hace lustros. Vivimos presumiendo de calidad de vida, cuando en realidad seguimos moviéndonos al margen de la modernización que sin pausa ha ido renovando Europa, ajenos a los cambios tecnológicos y de mercado que se han impuesto con fuerza y siguen revolucionando las economías mundiales. Y, sin embargo, no queda lejos el tiempo en el que llegamos a ilusionarnos con la idea de que se podían desatar esos nudos que impedían nuestro crecimiento.

Es interesante volver a leer la prensa internacional del año 2000 que revelaba cómo España había dejado atrás sus complejos y ya era una de las economías más vibrantes de Europa. También los españoles nos veíamos mejor. La dejadez en la política económica de Zapatero en estos años ha impedido que se creara ese ambiente institucional en el cual la capacidad del mercado se desarrolla con libertad y da sus frutos.

Después de lo sucedido en Irlanda, Grecia y Portugal nos viene a la mente el proverbio: “Cuando veas las barbas de tu vecino cortar…”. Lo cierto es que los mercados financieros siguen retemblando, mirando a España. No habría comparación entre lo que ha costado el rescate de Portugal y lo que costaría el rescate de España y no quisiera ponerme en la piel de Angela Merkel, que desde hace tiempo ha asumido la potestad de apaga fuegos europeos para intentar tener controlados los incendios en este nuestro continente. En el fondo se trata de salvar el Euro. La exposición a la deuda de países como España es, pues, una chinita en el zapato para los bancos de las principales economías europeas y España tiene pocas posibilidades de salir del hoyo si el Gobierno no hace sus deberes y si el conjunto de la economía no se vuelve más productivo.

Todo ha cambiado y el empresariado tiene que tomar buena nota. Sólo la capacidad, la inventiva y el esfuerzo pueden sacar esto adelante. Mucho ha cambiado el panorama y mucho aún ha de cambiar. ¡Nos queda mucho por ver!

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