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La inútil política de echar la culpa

posted by @mbellido 13 febrero 2013

A menudo las palabras sobran y no sirven porque están vacías de alma y de verdad y al pronunciarlas se precipitan en un barranco sin fondo para perderse en el vacío. Las palabras de algunos políticos que intervienen en el Hemiciclodonde se celebran las sesiones del Pleno del Congreso de los Diputados, son a menudo inútiles y grises, cada día más inútiles y  grises.  Hoy también era así. He escuchado esta mañana vocablos insulsos y frívolos, probablemente hilvanados en la oscuridad de la malevolencia  y  enjuagados en la mala leche, para que no pierdan la opacidad y la suciedad de su intencionalidad malsana. Cuesta pensar que se esconda bajo tanta superficialidad algo de buena intención y sano juicio. Parte de la sociedad está ya cansada de contemplar a diario en las pantallas de sus televisores  bocas huecas que amplifican la grabación a priori de un argumentario lleno de eslóganes y privo de raíces que se pierden en la nada. Mucha gente desconfía cada vez mas de esos ojos que no miran a los ojos, de esa chispa envenenada que acompaña cada gesto, de ese exigir a los demás lo que no se contempla en los propios actos, de indicar constantemente la paja en el ojo ajeno y no admitir la viga en el propio. En España como en Italia y otros países europeos nos estamos quedando sin una izquierda de programas y de proyectos, sin una izquierda de ideales. Una izquierda que cada día se atomiza y se divide más porque carece de líderes y de ideas, que ha dado la espalda y ha dejado fuera de los órganos de decisión y de liderazgo a personas muy validas que ven con tristeza como se desmorona su partido. Una izquierda que ha hecho de su actividad política la acusa, la pancarta, la demagogia, el populismo, la movilización callejera y la desestabilización del país.

En un momento en el que todos los analistas españoles y extranjeros están de acuerdo en que España está empezando a ver el final de túnel, muchos en la oposición se dan prisa, en derrocar al gobierno actual  sea como sea, antes de que la ciudadanía pueda percibir la mejoría  y ya sea demasiado tarde para ganar legítimamente en las urnas.

Sin una izquierda anclada en grandes ideales, generosa, con visión de futuro y vocación de servicio España se queda manca. En el horizonte se ciernen muchas preguntas sobre esta izquierda. España no necesita  sombras,  tienen necesidad de  luz que ilumine este tránsito, necesita caminar para dejar huellas, necesita política con mayúscula, necesita alternancia de proyectos que la hagan crecer.

El banco de inversión Morgan Stanley decía estos días que España puede convertirse en “la próxima Alemania” de la Unión Europea gracias a dos factores: la reducción de los costes laborales -debidos en parte a la recesión y a las reformas del Gobierno y la mejora de las exportaciones. Seria plausible que este éxito fuera fruto del esfuerzo positivo de todos.

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