Con permiso

la entrevista con don Luis

posted by @mbellido 29 marzo 2007

Unas de las actividades que más satisfacciones me dan en el ejercicio del Periodismo son las entrevistas. Mantener una profunda conversación con una persona acerca de ciertos extremos de su vida e informar a mis lectores de sus respuestas, es algo apasionante. Tiene algo de rito para mi, y el hecho en sí de que alguien decida abrir la puerta de su casa para contarnos su vida es realmente emocionante y de agradecer. Aunque vivo sensaciones que a veces son difíciles de describir, siempre intento, una vez terminado, anotar en mi cuaderno esas vivencias, cosas, lugares, emociones, penas y alegrías que he probado mientras realizaba la entrevista. De la última salí sobrecogido, con los ojos arrasados de lágrimas como un niño sorprendido, al que le acaban de dar un bellísimo regalo que no esperaba. La entrevista era a don Luis Rey Romero ex-director del Colegio de San Francisco de Paula, heredero de la tradición educadora de su padre, iniciada por su abuelo, misión a la que ha dedicado toda su vida, maestro de maestros y maestro de vida.

Cuando salí de la entrevista anoté en mi cuaderno que hay un viaje en la vida que cada uno hace solo, aunque viva acompañado, caminando sobre las huellas de otros que han triunfado o fracasado, escalando montañas entre ráfagas de viento por senderos donde otros se han parado o han seguido. Pero, cuando nacemos, llegamos la escena de este mundo con ara de extranjeros, dispuestos a ser actores y espectadores al mismo tiempo, abriendo y cerrando sueños entre aplausos y silbidos y sin tener a veces un minuto de recogimiento, interpretando momentos que se perderán en el tiempo, como se pierden esas lagrimas que resbalan sobre nuestras mejillas mientras nos está lloviendo. Anoté que una piedra quiere ser catedral, que un grano de trigo quiere ser pan. Que la vida es a veces atravesar un desierto para quizás al final encontrar un mar abierto donde un viento cálido es al mismo tiempo aire y mar, un vuelo libre hacia azules claros y serenos, para perderse en el infinito sin caerse. Anoté que siempre estamos a tiempo de cambiar el final a esta opereta, porque solo nosotros somos los autores del guión de nuestras vidas. Ahora que transcribo la entrevista y estas notas en mi ordenador pruebo tanta emoción que sobre el teclado mis manos parecen las de King Kong. Quisiera que en esta obra que ha me ha tocado interpretar y antes de que el mundo ría o se conmueva, aplauda o se levante y se vaya, antes de que se cierre el telón, pueda cambiar la calle por una curva de cielo llena de hojas de otoños o flores de primavera teñidas de rojo que me incendien el corazón.

Dejarme conmover sin sonrojarme, mientras escucho esas canciones que hablan de amor y de ti. Sentir algo nuevo dentro de las venas mientras contemplo la bola de fuego naufragar lentamente en el océano o encantarme delante de esas flores que crecen al borde de los caminos. Poder escribir cada día palabras nuevas rebuscadas en los bolsillos de mi alma y que sirvan para hacer soñar a alguien. Quiero poder mirar al cielo con una esperanza de luz, esa esperanza que don Luis me ha transmitido: creer que el amor nos cambia la vida y puede pintar cada mañana una nueva sonrisa en nuestra mirada y en nuestro corazón.

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