El ex ministro del Gobierno de Zapatero que más presumía de ser ‘rojo’, al parecer, tenía gustos muy ‘aburguesados’. Y es que Bermejo no se perdía una montería, incluidas las prohibidas, aunque éstas le hayan costado su cargo como Ministro. Una dimisión de justicia y excepcional, pues se trata de la primera vez que este Gobierno ha obligado a dimitir a un ministro metido en la charca, y no precisamente a uno cualquiera. “No dimito, no, ¿qué pasa?”, repetía sorprendentemente seis días antes de su abandono, mientras Zapatero se burlaba de la oposición por reclamar que dimitiera. Asimismo, ese día fue despedido entre risas y gritos por compañeras de partido al grito de: ¡Torero, torero!, a las que se vio obligado a corresponder lanzando un beso al ‘tendido’. ¿A qué aplaudían sus señorías? Porque no da la impresión de que las cosas estén para aplaudir, y ni mucho menos para matarse a carcajadas. ¿Qué pensarán ahora? Estas diputadas que jalearon al más estilo ‘verdulero’ a Bermejo deberían pensarse también la dimisión, y, si no, al menos esperar una rectificación pública. El otro gran cese exigible es el del juez Baltasar Garzón, compañero de cacería de Bermejo. Por cierto que, Solbes, quien ha asegurado sentir envidia por la dimisión de Bermejo, ha pedido a éste su escopeta, esa que disparó el ‘tiro por la culata’, quizás para su futura y ansiada dimisión.

José Santos. Marzo 2009