Editoriales de Agenda Empresa

Las incógnitas de 2015

posted by @mbellido 2 enero 2015

2014 ha sido un año muy significativo para la economía internacional y no cabe duda que dos cosas han quedado claras: la total dependencia de las decisiones de política monetaria de los bancos  centrales mundiales y la importancia de acometer reformas estructurales en los países europeos.

Europa viaja en la actualidad a tres velocidades. Los que están fuera del euro y que, en algunos casos como Polonia, lo hacen a ritmo sostenido y, por otra parte, los que adoptan el euro como moneda, pero divididos a su vez por estar en el corazón de Europa o en la periferia.

España en estos años ha hecho bastantes sacrificios y también deberes en cuanto a reformas estructurales que están produciendo ya los primeros frutos. La recuperación económica es hoy un hecho indiscutible. Son ya cinco los trimestres seguidos en los que nuestra economía registra un buen crecimiento positivo. Por tanto es previsible que en 2015 se siga en la misma senda de recuperación y consolidación económica y que el PIB crezca el 2%, o incluso algo más. Con respecto a Europa estamos entre los países que más crecen, a pesar de nuestra condición periférica y también mejoramos en términos de creación de empleo y fortalecemos nuestras relaciones exteriores, ya que nuestras exportaciones siguen marcando récords históricos. Todo esto prospecta una buena posición de España con respecto a las economías fuertes de la Eurozona.

Teniendo en cuenta estos datos, aunque nos queda mucho camino por recorrer, no podemos dejar de mirar con optimismo el futuro económico.

Por lo que respecta al desempleo no estaría de más que se profundizara en la situación real de paro para no seguir repitiendo la cantinela de los cinco millones de parados sin tener en cuenta que la economía sumergida y el empleo no declarado en España representan un 18,6% del PIB. Según un reciente informe de Randstad la tasa que representa esta economía sumergida sobre el PIB de España duplica las registradas en Francia (9,7%) o el Reino Unido (9,9%). Algunos analistas han afirmado que, con cálculos aproximados a partir de los actuales niveles de ocupación en términos EPA y teniendo en cuenta que la mayor parte de esta economía sumergida se compone de empleo ‘en B’, podrían aflorar hasta tres millones de puestos de trabajo reduciendo así hasta un 50% o un 60% la tasa de paro actual, que se sitúa en el 23,7%.  Son datos que todo el mundo intuye y de los que todo el mundo habla pero que nadie analiza a fondo y no se sacan a la luz pública. Aunque este es uno de los aspectos en los que no destacamos positivamente en Europa, gracias  a la estabilidad institucional de los dos últimos años y a la agenda de reformas que ha venido poniendo en marcha el Gobierno, como aludíamos antes, el crecimiento es una realidad y el reconocimiento internacional lo pone de manifiesto. Ya quisieran países como Italia y Francia estar en la misma senda.

Sin embargo, estas buenas bases y estos pilares que podrían volver a situar a España entre los grandes pueden desmoronarse si la inestabilidad política se vuelve a instalar en las instituciones. Pueden ser  gravísimas las consecuencias para nuestra economía si el mapa político da espacios de poder a los populismos radicales que en estos tiempos están de moda en España. Un parlamento fragmentado alumbraría un gobierno débil que difícilmente podría seguir por la senda emprendida. El reto lo tienen sobre todo los dos grandes partidos. El PP ha perdido muchos votantes por no haber explicado bien su política económica y por los casos de corrupción que han salpicado a sus filas, y el PSOE sigue dando sensación de improvisación y poca profundidad y veracidad en sus discursos, tiene grandes casos de corrupción en los juzgados, mientras Podemos les adelanta por la izquierda. En el panorama actual, las elecciones próximas pueden traer la estocada final al bipartidismo, pero también a la estabilidad y a la esperanza. Algunas de estas incógnitas políticas se despejarán en primavera, mientras tanto habrá que seguir trabajando. Ya lo decía Agustín de Hipona; “reza como si todo dependiera de Dios. Trabaja como si todo dependiera de ti”.

Manuel Bellido

bellido@agendaempresa.com

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