Con permiso

El precio del embarazo de Elena

posted by @mbellido 25 mayo 2006

Me ha escrito Elena, una persona extrovertida y alegre, gran profesional, felizmente casada y hoy madre de una niña. Nos conocimos hace dos años en una feria profesional y después habíamos perdido el contacto. Me cuenta que hace unos días compró en un kiosco Mujeremprendedora y, encontrada la dirección de mi correo electrónico, ni corta ni perezosa decidió escribirme. Su misiva sincera y profunda narra su experiencia. Hace más de un año se quedó embarazada. Un embarazo con muchas dificultades. Cada mujer y cada embarazo son únicos y a ella le tocó darse de baja y dejar el trabajo por demasiadas nauseas y molestias, además de una amenaza de aborto. Su medico le recetó el descanso como primera medicina. Al sexto mes comenzó a sentirse mejor y esto le permitió gozar un poco más de su estado. Día tras día sentía como crecía su bebé y como se movía dentro de ella. Comenzaba a contar las semanas que le faltaban para dar a luz, pero Elena tenía miedo del parto y, conforme se acercaba la fecha, la incógnita la intranquilizaba. La fecha prevista para el alumbramiento era el 15 de agosto. Dos días antes Elena se levanta temprano, nota que tiene alguna pérdida y se asusta, llama al marido que la lleva de urgencia al hospital. Era solo una falsa alarma y después de toda una mañana en observación Elena se vuelve a casa. Llega el fin de semana y las contracciones se hacen cada vez más fuertes, rítmicas y regulares. A media noche una espléndida niña de tres kilos llama a la puerta para alegría de Elena y de su marido que en todo momento estuvo con ella durante el parto. El miedo se había disipado, todo había salido muy bien.

Elena en este punto de su carta interrumpe su relato y me aclara algo: “Te cuento todo esto porque para mí ha sido una experiencia más que bonita, quizás el acontecimiento más importante después de mi boda, sin embargo lo que vino después no fue tan maravilloso”.

Elena se reincorpora al trabajo y comienzan las dificultades. Otra persona había ocupado su puesto y ella se siente mirada por sus jefes casi como si fuera una delincuente, las horas de lactancia le provocan sentimiento de culpabilidad por tener que abandonar el trabajo. La realidad es que en la empresa ya no cuentan con ella como antes. Elena sufre una gran depresión y termina por despedirse. Una amiga psicóloga la ayuda a salir de un doble túnel: el rechazo psicológico de su hija, a la que inconscientemente hace culpable de su situación, y la sensación de no volver a recuperar nunca más la autoestima y la seguridad en sí misma.

La carta tiene un final de color esperanza. Elena ha logrado poner en pie hace dos meses una empresa de servicios. Me pide que le eche una mano.

¡Por supuesto que puedes contar conmigo! y con Mujeremperendedora también. Nuestra revista quiere ser un instrumento para todas las mujeres que como tú luchan por salir adelante contra viento y marea, y un homenaje a quien tanto sabe luchar y a quien la sociedad no sabe reconocerle del todo su mérito y su sitio. Gracias Elena y buena suerte.

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