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El drama de la guerra civil en Siria

posted by @mbellido 28 diciembre 2012

La capital se ha convertido en un teatro trágico, violento y sangriento. En muchos lugares faltan alimentos. Alguien me decía recientemente que el pan es un alimento difícil de encontrar.  Los constantes  bombardeos están destruyendo barrios enteros, casas de civiles, lugares de cultos…

El domingo pasado, sin ir más lejos,  murieron 60 personas en un bombardeo del ejército sobre una panadería en la localidad de Halfaya en la provincia de Hama. Me contaba un sacerdote católico que muchas de las  revueltas están protagonizadas por jóvenes que aspiran legítimamente  a una vida de libertad, pluralismo y democracia en ese país. Muchas de estas acciones están dirigidas contra la corrupción, la represión, los privilegios exorbitantes de algunos, las desigualdades, el desempleo y la pobreza. Para acallarlas se usan armas de fuego.  Será difícil, a estas alturas, pensar que serán sofocadas. Es enorme la  fuerza moral de sus protagonistas y muy potente la utilización  que de las redes sociales se está haciendo para mantenerlas vivas. La vía de la denuncia está abierta y de poco servirán los tentativos de reprimirla para callar su voz. Lo que hay que frenar es esta violencia sin límites.

Las reuniones del enviado especial de la ONU y la Liga Árabe para Siria con Al-Asad, no pueden seguir siendo estériles e inútiles. Los organismos internacionales no pueden seguir mirando para otro lado mientras la gente sigue muriendo. Tienen que actuar ya.

Hay  niños que están siendo asesinados, mutilados por bombas y utilizados como combatientes o vigilantes. Lo que está sucediendo en  Siria es  una constante violación de los derechos humanos y, en este último caso, una escandalosa e inaceptable violación de los derechos de los niños.
Alarmante situación que no nos deja indiferente, aunque  nuestras calles estén adornadas e iluminadas por las fiestas o los telediarios sigan mareando la perdiz con la independencia de Cataluña y la huelga de los profesionales de la protesta, que esta vez, se han vestido con batas blancas, aunque con las mismas pegatinas en los megáfonos.  Es tiempo de ensanchar el corazón y dar peso a lo que realmente lo tiene.

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