Con permiso

Una casa común llamada Europa

posted by @mbellido 5 junio 2014

A veces se nos olvida que Europa no es solo un concepto geográfico, cultural o económico, Europa es también un concepto decididamente político. Este aspecto nace de un conjunto de países pequeños, medianos y grandes que viven bajo el paraguas de la UE y buscan desde hace tiempo establecer y encauzar juntos su destino. Europa no es una tercera vía entre el Este y el Oeste, no es absolutamente una “vía”.  Europa será siempre un mosaico de lenguas y culturas del vivir cotidiano, de la política y de la economía. Europa es una casa común. Por eso, para los países que finalmente se han ido desenganchando del socialismo de “nomenklatura” (номенклату́ра), el regreso a esta casa llamada Europa ha significado y sigue significando entre otras cosas la posibilidad de ser ellos mismos y de no conformarse a un modelo hegemónico impuesto. Europa ha avanzado siempre cada vez que ha puesto de relieve cuestiones que unen en la libertad y no que dividen y enfrentan. Una de estas cuestiones es la una paz duradera. Otra cuestión es la del desarrollo y por, la experiencia, sabemos que el desarrollo no puede significar solo mejoría económica, sino que tiene que ver también con el reconocimiento de los derechos humanos y la posibilidad de participación y de protagonismo de los ciudadanos. En este camino también el medio ambiente ha tenido que incorporarse a las agendas de los gobiernos y de las organizaciones. Con esta nueva conciencia  Europa ha pasado a la acción después de años de negligencia. Este en concreto es un problema que requiere un equilibrio crítico entre una decidida acción de conjunto y el compromiso de preservar las libertades elementales. Las dictaduras de “ultra ecologistas” no serían mejor que otro tipo de dictaduras. En la casa común europea se busca este equilibrio.

El euroescepticismo, este  movimiento político y social que se basa en el rechazo en mayor o menor medida de la Unión Europea, hace mucho daño a la seductora perspectiva de vivir en una casa solida. Hemos escuchado durante la reciente campaña electoral europea a dirigentes de algún partido considerar a la institución europea como un ente no democrático, burocrático y opresor con sus estados miembros. Está claro que se distorsiona la realidad.  La UE se basa en el reconocimiento del Estado de Derecho y todas sus actividades están fundamentadas en los tratados, acordados voluntaria y democráticamente por todos los países miembros. La realidad de la crisis ha contaminado mucho la percepción que sus ciudadanos deberían tener de esta asociación económica y política singular de 28 países,  sin embargo, la UE ha hecho posible medio siglo de paz, estabilidad y prosperidad y, lo quieran o no el puñado de políticos  agoreros y demagógicos que intentan tumbarla, ha contribuido a elevar el nivel de vida y ha creado una moneda única capaz de competir con el resto de las economías mundiales. Una aldea bien ordenada y segura de sus defensas proporciona a sus habitantes sentido de seguridad y posibilidad de progresar personal y colectivamente. Esta aldea, que forma parte de un paisaje muy amplio donde avanzan, luchan y viven otros asentamientos humanos, quedando debilitada, es susceptible de retroceder y frenar en su progreso. Lo que acontece en otras partes del Planeta ya influye en cualquier otro rincón. Quien trabaja en una casa con sólidos cimientos y estructura segura influirá seguramente más sobre los demás. No olvidemos que esta casa común es también un mercado único en el que personas, bienes, servicios y capital circulan ya entre Estados miembros con la misma libertad que si lo hicieran dentro de un mismo país. Es algo que no podemos dejar de valorar.

Los ciudadanos europeos cuentan cada vez con más canales para participar en el proceso político de esta casa y es necesario que seamos todos más activos en su construcción. No vale quejarse cuando ni siquiera se toma la molestia de ir a votar. Los retos de esta UE del siglo XXI son demasiado grandes para ignorar su importancia.

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