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Un campo de batalla con un solo ejercito

posted by @mbellido 14 enero 2015

El horror de las imágenes de los atentados en Paris, que siguen dando la vuelta al mundo, dibuja un nuevo frente de guerra como el que hay en Siria, Irak, Afganistán y otras zonas de África. El miedo de los franceses, que viven en constante alerta en estos días, es que el radicalismo islámico siga lanzando indiscriminadamente sus salvajes ataques. Los demás países europeos, incluido por supuesto España, tampoco están a salvo. Estos terroristas, soldados bien entrenados, disparan y matan porque somos infieles, porque no nos arrodillamos ante su supuesta fe y, para vengar, como han hecho con los periodistas franceses, al profeta Mahoma. Es lo que gritaban mientras cometían los atentados. No perdemos de vista, la frialdad de estos asesinos, ya mostrada abundantemente en varios videos, donde se degollaba cruelmente a los prisioneros occidentales. El último documento visivo ha sido el video del EI en el que un niño de corta edad asesinaba a dos rusos.

A menudo hemos pensado que se trataba de hechos lejanos en el espacio. Pensábamos que eran muertes que se producían en de dunas de desiertos distantes de nuestra vida cotidiana, lejanos de nuestra casa. Ahora ya no nos sentimos seguros. El terror no habita lejos. Lo de Paris nos demuestra que el horror más barbárico, ha entrado en la casa de los europeos.

La primera advertencia llegó el 11 de septiembre de 2001, pero no tuvimos suficientes reflejos para entender que con fanáticos de este calibre ya nadie está seguro en ningún lugar del mundo. La periodista y escritora y otros conocedores del fundamentalismo islámico, también nos lo venían advirtiendo desde hace años, sin embargo los gobiernos y las instituciones internacionales se han ido relajando y no han tomado medidas, para ponerle freno.

Esta es una guerra extraña, porque sobre el campo de batalla no hay dos ejércitos. Hay solo uno. Un ejército fanático y perverso que no descansará hasta ver herida de gravedad la civilización y la democracia occidental.

En momentos como estos, no podemos olvidar nuestras raíces. No podemos olvidar nuestros valores, entre lo que brilla el respeto por otras civilizaciones, y el que antepone el diálogo a la barbarie.

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