No se gana para sobresaltos y no me refiero a problemas personales sino al desconcierto frente a hechos diarios que nos depara la política y la economía que como ciudadano debemos asumir, enfrentar y, si es posible, superar. Leo en un periódico nacional “Represión policial en Valencia contra estudiantes… “Como Grecia, arderá Valencia”, la frase, repetida ayer por los estudiantes. …. La primavera valenciana…” En Twitter también se multiplica el hashtag #primaveravalenciana. Y yo me pregunto: ¿Quién habrá sido la criaturita que ha tenido la genial idea de acuñar este slogan? Evidentemente la persona o personas que lo han hecho no tienen que tener un pelo de ingenuos o tienen que ser grandes ignorantes o personas con intenciones no buenas. La gente de mi generación tiene en su memoria los acontecimientos de la Primavera de Praga, aquellos episodios que se produjeron durante la “Guerra fría”, un período de liberalización política en Checoslovaquia, que duró desde enero hasta agosto del 68, cuando el país fue invadido por la URSS y sus aliados del Pacto de Varsovia. El movimiento que surgió trataba de modificar progresivamente aspectos totalitarios y burocráticos que el régimen soviético tenía en este país y avanzar hacia una forma no totalitaria. Aún tengo grabada en las pupilas las imágenes de personas delante de aquellos tanques. Los hechos referidos son muy graves y nada tienen que ver con lo ocurrido en Valencia. Una cosa es el derecho a manifestarse, el derecho a la protesta y a la posibilidad de crítica, pero no a actuar con violencia y generar más y más violencia. Se puede protestar por recortes o por medidas, pero no chuleando y provocando. No tengo la certeza, pero puedo imaginar que detrás de los estudiantes en buena fe podía también haber alguna que otra persona que solo buscaban desestabilizar, ir en contra del Estado de derecho y generar tensión en la calle. No me cabe duda que existen grupos que al no ser apoyados en las urnas necesitan la calle para patalear. Increíbles algunas declaraciones de algunos dirigentes políticos no para pacificar sino para incendiar aún más. En el Parlamento los del grupo de izquierdas decían “Valencia: Yo también soy el enemigo”, Los Cayo Lara y los Llamazares a azuzar, como siempre, y a apuntarse a todo lo que sea Marea Verde, primavera valenciana y a todo aquello que genere jaleo y tensión. Con cinco millones de parados, estos señores me parecen poco serios y pretenden seguir riéndose del pueblo con el timo de la estampita. España no necesita movilizar la calle, necesita movilizar la productividad y el empleo. Es decir arrimar el hombro. Necesita mesura y sentido común.