“Estando un andivino en la plaza pública diciendo la “buenaventura”, se le acercó un vecino y le dijo que habían entrado unos ladrones en su casa y le habían robado todo lo que tenía. Al oir tal noticia el adivino, turbado y lloroso echó a correr a su casa. Viendo esto la gente, le decían: “Hombre, ¿no ofreces adivinar la suerte de los demás? ¿Pues cómo no has sabido adivinar la tuya”. Pepe, me cuenta la moraleja: los que no saben dirigir sus propios asuntos, no están en disposición de dar consejos. ¿Sabrá el pulpo Paul, el oráculo animal del acuario Seelife de Oberhausen en que plato terminará cocinado?











1 comment
LAURA says:
jul 9, 2010
Genial!. Por fin algo de sensated respecto a la adivinación. Somos un país que nos creemos cualquier cosa y no sabemos poner enfasis en lo verdaderamente importante: el trabajo en equipo por el bien común