Dialogaba el otro día con mi hija, que está estudiando psicología, y nos preguntábamos si la felicidad es un concepto encasillable solo dentro de la nebulosa filosófica/ moral o si se podía considerar también en la dimensión psicológica.
Pensando en conceptos a veces nos podemos perder, sobre todo cuando la relación que se crea entre sujeto y objeto del pensamiento se bloquea por falta de experiencia de vida o de conocimiento exhaustivo, pero, dialogando, casi siempre se encuentra con mayor facilidad la vía para la comprensión. Gloria afirmaba que, aunque la felicidad es algo sujetivo, existen rasgos en los que se puede reconocer una vida feliz. Las personas felices se gustan a sí mismas, tienden a ser extrovertidas, sienten un mayor autocontrol personal y son en general optimistas.
Lo cierto es que las personas felices se relacionan mejor. Quizás porque, al contrario de Sartre que pensaba que “el otro es mi infierno”, las personas felices piensan que las otras personas son indispensable para la propia felicidad, porque es precisamente desarrollando la capacidad de relacionarse positivamente que nos encontramos en el camino correcto para obtener una buena salud mental.
Llegábamos a concluir que un estado mental en el que tengamos pensamientos placenteros durante buena parte del día es un signo de vida feliz.
Tratábamos de recordar momentos de felicidad en nuestra propia experiencia y casi siempre coincidíamos en que la mayor parte de estos se habían producido después de haber hecho algo bueno por alguien, momentos en los que habíamos dado felicidad a alguien, como un boomerang, habían regresado a nosotros en forma de bienestar emocional. Cuando se es “altruista”, por llamarlo de alguna manera, se suele alejar de nuestra mente el autoexamen y la introspección que busca y se queda en los límites y errores, problemas y dolores personales.
Todos somos conscientes de encontrarnos bien cuando nos sentimos importantes o necesarios para alguien, cuando nos sentimos capaces de ayudar, de echar una mano, de hacer brotar una sonrisa en alguien, de haber cubierto alguna necesidad en otro ser.
Llegamos a la conclusión de que la vida feliz nace casi siempre del dar que abre la puerta al recibir, al intercambio personal, necesario para el bienestar auténtico.











1 comment
Enca says:
nov 19, 2009
Estoy totalmente de acuerdo con vuestras concluciones.
Pensando y reflexionando sobre,¿qué es la vida feliz?, he llegado a estos pensamintos que siempre me han acompañado, y espero me acompañe a lo largo de mi vida.
Ser feliz, o alcanzar la felicidad, debe ser la meta de nuestra vida; pienso que el secreto, para conseguir la verdadera felicidad, en este mundo, es vivir todos los momentos, como si fueran los últimos, vivirlos intensamente, que al final de nuestros dias ( si lo vivimos con lucidez ), no tengamos que recordar tristemente el poema ” Instantes “.
Vivir la realidad de nuestra vida, y aceptarla, sin ser conformista. Pedir valor a Dios,para uno poder cambiar las csas, que uno puede cambiar.
Las personas felices aceptan las cosas que no tienen remedio, pero luchan por aquellas que tienen solución.
Compartir lo bueno y lo malo con las personas que nos quieren y queremos; no hacerse daño a uno mismo y no hacer daño a nadie.
Santa Teresa de Avila decia:
Nade te turbe;
nada te espante;
todo pasa;
Dios no se muda,
la paciencia
todo lo alcanza,
quien a Dios tiene,
nada le falta,
solo Dios basta.
Enca ´